viernes, 1 de julio de 2016

Revista austrolibertaria de prensa: 1-VII-2016, por Mises Hispano.

  • En América Economía, Karelys Abarca dedica un artículo a la Escuela Austriaca de economía.
  • Juan Ramón Rallo, en Vozpópuli, menciona entre paréntesis a Mises.
  • Alfredo Apilánez, en Rebelión, hace una interesante mención a Ron Paul (y a Hayek).
  • María Marty reclama que los grandes liberales se incorporen al currículum educativo en Panampost.
  • Hayek y Mises “neoliberales” en el artículo de Antonio Malo Larrea en El Tiempo.

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El votante sí puede equivocarse, de JuanRallo.com

El resultado de las últimas elecciones generales, encumbrando al Partido Popular a los 137 escaños y estancando a Unidos Podemos en los 71 diputados (dejándose en el camino 1,2 millones de sufragios), ha sumido en la angustia a gran parte de los votantes y simpatizantes de esta última formación política. No es para menos: Unidos Podemos ha hecho gala de un fanatismo democrático según el cual la democracia expresa una especie de voluntad e inteligencia orgánica de los ciudadanos que necesariamente ha de ser acertada y correcta.

Por ejemplo, la propia formación manifestaba desde su cuenta de Twitter durante las elecciones lo siguiente: “Somos demócratas y estamos convencidos de que cada vez que la gente vota, se acierta”. Debe de ser complicado sostener simultáneamente que el Partido Popular es una formación corrupta, mendaz, antisocial y cuasi-criminal y, a su vez, que “la gente” siempre acierta cuando vota, incluso cuando otorga masivamente su sufragio al Partido Popular. De ahí que, frente a semejante shock, algunos hayan optado por denunciar el seguro fraude electoral: es imposible que “la gente” no haya votado masivamente a Podemos, por tanto ha tenido que haber pucherazo.

Afortunadamente para los simpatizantes de Podemos, no es necesario recurrir a conspirativas teorías sobre fraude electoral alguno: los votantes no siempre tiene la razón y, desde luego, no tendrían por qué poseerla al brindar su apoyo mayoritario al PP. Sin embargo, tal como comprobaremos más adelante, admitir la falibilidad de la democracia tendrá importantes implicaciones contra la ideología de fondo de Podemos.

La falibilidad democrática

La democracia es un método de agregación de preferencias individuales acerca de diversas cuestiones que afectan al conjunto del colectivo y donde tales preferencias individuales son ponderadas de manera más o menos igualitaria (motivo por el cual tienden a prevalecer reglas de decisión mayoritarias). Cuatro aspectos son relevantes —y potencialmente problemáticos— en esta definición de democracia: a) método de agregación, b) preferencias individuales, c) cuestiones que afectan al colectivo, y d) ponderación igualitaria.

Primero, el input de toda democracia son simplemente “preferencias individuales” (votos): si no nos cuesta ningún esfuerzo reconocer que un individuo puede equivocarse en numerosas ocasiones en su vida privada, tampoco debería costarnos ningún esfuerzo reconocer que un individuo puede equivocarse al votar. De hecho, hay razones para pensar que una persona se equivoca más al votar que al tomar decisiones sobre su vida privada: dado que la influencia que posee un solo voto a la hora de determinar el resultado general de unas elecciones es prácticamente nula (salvo en circunscripciones muy pequeñas), las personas carecerán de incentivos para formarse e informarse suficientemente a la hora de emitir su voto (muchos costes para réditos nulos); la situación es muy distinta en el ámbito privado: las preferencias de una persona son absolutamente determinantes en las decisiones que toma (el coste de informarse puede ser igualmente alto, pero los réditos de actuar de forma correcta también podrían serlos). Es lo que se conoce como el fenómeno de la ignorancia racional de los votantes. Un fenómeno que tiende a magnificarse en la medida en que el voto de un especialista en la materia objeto de votación pondera de forma igualitaria al voto de un no especialista: esto es, mi voto acerca de diseño urbanístico o acerca de gasto en I+D+i biotecnológica vale lo mismo que el de un arquitecto o el de un biólogo.

Segundo, al ser un método de agregación de preferencias individuales, podría suceder que los errores aleatorios de unos individuos se cancelaran con los errores aleatorios de otros individuos, dando como resultado un acierto agregado. Por ejemplo, mi ignorancia acerca del diseño urbanístico o de la biotecnología podría verse compensada por mis conocimientos sobre economía; a su vez, el conocimiento sobre arquitectura del arquitecto o de biotecnología del biológico podría verse compensados por su ignorancia sobre economía. Mis carencias se complementan con las fortalezas ajenas y viceversa.

Sin embargo, no hay ninguna razón para presuponer que todos los sesgos que afectan a los votantes son asistemáticos. Al contrario, sabemos que ciertos sesgos sí son de carácter sistemático: por ejemplo, y sólo en materia económica, disponemos de bastantes evidencias de que los votantes padecen de un sesgo antimercado (la tendencia a infravalorar los beneficios derivados del mercado), de un sesgo xenófobo (la tendencia a infravalorar los beneficios derivados de la interacción con los extranjeros), de un sesgo pro-empleo (la tendencia a sobrevalorar los beneficios derivados de crear cualquier empleo) o de un sesgo pesimista (la tendencia a sobrevalorar la gravedad de los problemas económicos). Por todo ello, la agregación de preferencias individuales sistemáticamente sesgadas engendrará decisiones colectivas también sesgadas. Es lo que se conoce como el fenómeno de la irracionalidad del votante.

Tercero, aun cuando las preferencias individuales no se hallaran sistemáticamente sesgadas y cupiera suponer que los errores aleatorios de unas personas se compensan con los de otras, necesitaríamos que el método concreto de agregación de preferencias individuales fuera neutral para que la “voluntad colectiva” de la democracia no fuera arbitrariamente irracional: esto es, necesitaríamos que, dadas unas preferencias individuales, la decisión colectiva fuera siempre la misma con independencia del método de agregación que utilizáramos. Sin embargo, distintas reglas electorales arrojan distintos resultados electorales: por ejemplo, en los pasados comicios del 26J, Unidos Podemos y PSOE estarían al borde de la mayoría absoluta con el sistema electoral alemán; en cambio, con el sistema electoral estadounidense, el PP gozaría de una amplísima mayoría absoluta en la selección del presidente (263 de 350 electores). ¿Cuál de ambos métodos agrega con mayor fidelidad las preferencias individuales de los votantes? Ninguno de ellos exhibe las características típicas de la racionalidad individual para que podamos categorizarlos como mejores o peores. Ésta es una de las implicaciones más conocidas del llamado Teorema de la Imposibilidad de Arrow.

Y cuarto, aun cuando no hubiera errores sistemáticos en las preferencias individuales y aun cuando el método de agregación de esas preferencias sí fuera neutral, recordemos que la democracia agrega preferencias individuales acerca de cuestiones que afectan al colectivo. La cuestión pasa a ser entonces la de qué asuntos son competencia individual y cuáles, en cambio, de competencia colectiva. O dicho de otra forma, antes de votar, debemos disponer de una teoría ética que delimite qué asuntos pueden ser votados por tratarse de asuntos colectivos. Y, en este sentido, podemos movernos desde un extremo político (el totalitarismo: donde todo es susceptible de ser votado porque todo aspecto de la vida personal tiene implicaciones colectivas) hasta el otro extremo político (el anarquismo individualista: donde nada es susceptible de ser votado porque sólo existe el individuo y no el grupo), pasando por cuestiones más intermedias (una remisión ciega a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde se marca qué asuntos quedan fuera de las urnas por ser derechos previos del individuo). Así las cosas, salvo que caigamos en un relativismo extremo según el cual cualquier filosofía política es igual de válida que cualquier otra, una democracia perfectamente racional podría equivocarse al votar sobre materias que no deberían ser de ámbito colectivo sino de competencia (libertad) individual. Por ejemplo, aunque todos supiéramos que Marx (o Mises) está profundamente equivocado y que su lectura puede contaminar las mentes de los ciudadanos, ¿sería legítimo que votáramos censurar a Marx (o a Mises)? No lo parece.

En suma, las decisiones democráticas pueden equivocarse por una deficiente información de los votantes, por sus sesgos sistemáticos, por la arbitrariedad del método de agregación de preferencias o por una inadecuada teoría ética subyacente.

Las implicaciones de la falibilidad democrática

Una vez admitimos que el resultado de una democracia no es inexorablemente correcto, el simpatizante de Podemos podrá respirar tranquilo al no tener que aceptar que la elección de un partido al que caracterizan como corrupto, mendaz, antisocial y cuasi-criminal —el PP— es por necesidad una elección correcta. Podría suceder que sus votantes no fueran conscientes de la corrupción y de los recortes, que no los valoraran suficientemente frente a otras cuestiones, que fueran cómplices por salir beneficiados de los mismos o que los creyeran políticamente legítimos. Las explicaciones del voto mayoritario al PP pueden ser variadas y no necesariamente “acertadas” todas ellas.

De hecho, parece que los dirigentes o candidatos de Unidos Podemos ya han empezado a explorar esa línea argumentativa. Por ejemplo, el dos veces candidato no electo, el ex JEMAD Julio Rodríguez, proclamaba ayer que “si hay algo deprimente es que la mitad de los electores no quieren ningún cambio. No creen en la ética, y eso… empieza a ser peligroso”. Una versión apenas actualizada —y suavizada— de otra perla ideológica, expresada esta vez por el propio Pablo Iglesias hace unos años: “El problema no es que Salgado trabaje para Endesa o Rato para Bankia, el problema es que millones de gilipollas les votan”.

Ciertamente, y como ya hemos expuesto, uno no puede descartar a priori que la gente pueda equivocarse, o que posea motivos ruines, a la hora de votar (aunque, desde luego, uno tampoco debería presuponer dogmáticamente que todos se equivocan por el mero hecho de no comulgar contigo). Ahora bien, si ese uno cree que los votantes pueden equivocarse con cierta frecuencia, no debería defender simultáneamente una ampliación de los ámbitos de decisión colectiva: si al decidir en común nos equivocamos por ignorancia o por mala fe predominante, no deberíamos exponer los planes vitales de cada persona a esa ignorancia o mala fe predominante. Sin embargo, Podemos promueve justamente eso: una progresiva extensión de los ámbitos de decisión colectiva a costa de las libertades individuales (una “democratización” de la vida social).

Se trata de una combinación extremadamente peligrosa, ésa de admitir que el votante puede ser tonto o malintencionado y que (casi) todo debe ser votado, pues alimenta el paternalismo autocrático u oligárquico: si las decisiones deben tomarse colectivamente pero no deben ser tomadas por el vulgo, entonces o toleramos la recurrencia de malas decisiones colectivas hasta que la gente “aprenda” (léase, sea reeducada) o las decisiones colectivas deberán ser adoptadas sólo por aquellas personas que se autoinvistan como sabias y éticas (de ahí, por cierto, ciertas llamadas recientes a impedir el voto a los ancianos).

Al contrario, reconocer que cualquier persona puede equivocarse al tomar cualquier decisión (incluido el voto) debería orientarnos hacia un sano escepticismo con respecto a la ingeniería política: a saber, hacia un orden social asentado sobre el reconocimiento de una amplia esfera de libertad individual dentro de la cual cada individuo sea competente y responsable de sus acciones. Desconfiar del votante no debería llevarnos a quitarles el derecho al voto a quienes “no voten como yo quiero que voten”, sino a defender las libertades individuales frente a la injerencia colectiva. Una revolucionaria idea —la del liberalismo— que, no obstante, supone una enmienda a la mayor parte del programa de máximos de Podemos (y, cómo no, también del resto de formaciones políticas españolas).

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Conflictos sociales artificiales, de JuanRallo.com

Demasiados conflictos sociales son sólo conflictos derivados de la intolerancia entre personas: “como no me gusta que te comportes así (que hagas esto, que te relaciones con esa gente, que tomes esas sustancias, que gastes tu dinero de ese modo), convierto ese conflicto derivado de mi intolerancia en un asunto social que debemos decidir entre todos”.

La solución que plantea el liberalismo es justo la tolerancia (al menos en el plano de derechos y libertades): “vive y dejar vivir” “si no te gusta lo que hago, critícame pero no me reprimas”. Desde luego, la solución liberal NO pasa por que todos votemos acerca de cómo debo vivir mi vida.

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¿Las expectativas fueron el problema?, por Libertario.es


¿Sabéis esas veces cuando te esperas una muy buena nota en un examen porque crees que te ha salido a la perfección y después, a la hora de la verdad, te encuentras con un suspenso o un aprobado raspado?

A todos nos ha pasado alguna vez. Por eso siempre tiene que prevalecer el realismo y la humildad para luego no encontrarse sorpresas.

Pues esto es lo que precisamente ha ocurrido con Unidos Podemos, las encuestas y susGarzon Iglesias Errejón expectativas. Me imagino a los líderes de Podemos e IU reunidos días antes de la coalición pensando: “venga, que si unimos nuestras fuerzas tendremos la suma de votos de las dos formaciones el pasado 20D más la ayuda de la ley electoral”. Hicieron el mismo planteamiento que a la hora de redactar sus propuestas económicas: 1+1=2, sin pensar en el contexto ni en distintos factores. ¡Ay! si todo fuese tan fácil…

Primeramente hay que tener en cuenta que a muchos votantes de IU no les ha gustado nada el intento de “moderación” por parte de Podemos, por lo cual han decidido abstenerse. Por otra parte, dentro de los votantes de Podemos hay un grupo que es realmente socialdemócrata y algo más moderado que tras el pacto con los comunistas decidieron votar de nuevo al PSOE. También han existido otros factores como el Brexit. Pero aún así, yo soy de los que realmente piensa que sin la coalición la cosa hubiera ido mucho peor para Podemos ante la división del voto, necesitando más apoyos para un escaño.

descargaA lo ya comentado, se han unido los increíbles fallos de las encuestas para inflar aún más las expectativas que, como siempre, en vez de diagnosticar e informar, influencian y manipulan a favor de unos y otros.

También quiero creer que parte del electorado se ha dado cuenta de que lo que realmente defiende Podemos no conviene en absoluto para este país. Pero esto no deja de ser una mera conjetura y deseo de muchos.

Dicho esto, pese a que el resultado de Unidos Podemos se ha visto como un batacazo electoral, no nos olvidemos que han sido más de cinco millones de personas los que han confiado en esta coalición. Demasiadas, en mi opinión.

Pase lo que pase con este nuevo panorama, seguimos en una situación muy parecida a la de las anteriores elecciones, en la cual se hace casi imposible la formación de gobierno ante la falta de apoyos a la primera fuerza (de nuevo el Partido Popular, esta vez con mucha más diferencia). Ante esta situación, el Partido Socialista vuelve a ser fundamental y desde aquí deseo que la parte sensata del partido prevalezca, aquella que apuesta por dejar gobernar a la fuerza más votada para que por fin los españoles podamos tener la sensación de una cierta estabilidad política.

Estos nuevos resultados provocan de nuevo que los ciudadanos volvamos a sentir incertidumbre, inestabilidad e impotencia de nuevo al depender demasiado de la formación de un Gobierno con un Estado que rige cada día más nuestras vidas. Algunos partidos han perdido escaños, otros los han ganado. Pero los que siempre perdemos aquí somos los ciudadanos.

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La libertad sexual es un logro de la libertad, por Libertario.es

Antes de nada quiero aclarar que yo siempre he aceptado y tolerado a las personas con diferente condición sexual. No porque tenga amigos o familiares cercanos homosexuales, o por hacerme el ‘progre’ delante de mi novia con su amigo gay inseparable. Más bien porque desde que tengo uso de razón, he defendido la libertad por encima de todo. La libertad de cada persona de hacer con su cuerpo lo que quiera y amar a quien crea conveniente. Y eso, desde mi punto de vista, no debería ser objeto de debate. Empero queda mucho por hacer para lograr la verdadera normalización por parte de la sociedad occidental al amor plural. Siempre desde la iniciativa social y la concienciación.

Pero vayámonos a la actualidad. Esta semana se está celebrando el Orgullo LGTB en Madrid y en muchos puntos del Estado español. Y escucho en esas fiestas muchas declaraciones y reivindicaciones que me hacen, entrar en duda acerca de los objetivos y los logros conseguidos por parte del colectivo. En primer lugar, se habla de ‘derechos conquistados’. Cosa que estoy parcialmente de acuerdo. Entendiendo el derecho, como el derecho primario del ser humano a ejercer su libertad sexual de manera completa y sin injerencias externas, coincido; ahora bien, entendiendo el derecho como agradecimiento a los burócratas y al Estado, de permitir que dos personas se amen y quieran contraer matrimonio… permíteme que discrepe. Hasta el año 2005, los políticos nos decían a ti, querido lector y a mí, con quien puedo y con quien no puedo casarme. No es que a partir de 2005, aparecieran por arte de magia todos los homosexuales, bis, trans etc., del mundo, sino que hasta ese año, dos personas que se querían, no podían casarse (firmar un contrato de unión civil), por culpa de la ideología de los gobernantes de turno. La libertad sexual es un logro de la libertad individual, no del Estado de derecho.

Por otro lado, quiero hacer referencia a ese propósito que es marca integral del colectivo LGTBI, conseguir la verdadera igualdad entre heterosexuales y el resto de opciones sexuales de las personas. Por supuesto, estoy radicalmente a favor del mismo. Hay que intentar lograr el sistema igualitario de derechos (fundamentales) de todos, así como la aceptación natural de la ciudadanía hacia este colectivo. Pero, desde mi punto de vista, hay una palabra que hace un flaco favor a esto último: esa palabra se llama orgullo. Orgullo según la RAE significa: Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas. Y, personalmente creo que no es el caso de los que defienden el amor plural en estas fiestas, pero con esa motivación se ponen piedras en el objetivo que todos queremos: el respeto y la aceptación a toda persona sea cual sea su condición sexual.

frases-orgullo-gay

 

En conclusión, pienso que este tipo de fiestas no hacen mal a nadie, y lo más importante, no atentan contra ningún principio básico del ser humano. Aunque ahí no debe estar el foco de atención, sino en darnos cuenta en que son los burócratas los que tienen la capacidad de decidir acerca de nuestra esfera de libertad, y eso, si debería ser objeto de debate.

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No, no, no, por Libertario.es

La ministra de Educación y Ciencia se entallaba un jersey con banderas de diferentes países europeos ante la apertura de las urnas en 1975 para decidir sobre el futuro de Reino Unido en la Comunidad Económica Europea. El Primer Ministro, el laborista Harold Wilson, mostraba de forma tajante su desacuerdo ante las condiciones de adhesión. La relación del Reino Unido con la CEE fue convulsa desde el principio. Comenzó con una contundente negativa en 1958 ante la invitación de la CEE, pues el proyecto no resultaba convincente. Sin embargo, la Organización Económica de Cooperación Económica que trató de impulsar quedó en un intento de creación de un espacio de libre comercio que no logró desestabilizar el proyecto de la CEE y que propició que Francia acaparase el poder. Resentida, ésta vetaría a Reino Unido al solicitar la entrada en 1961, retrasando su incorporación hasta el año 1975, pues Charles De Gaulle la habría impedido en 1963 y 1967.

No fue llegar y besar el santo

Thatcher situó el futuro de Reino Unido en la Comunidad Económica Europea, apoyó la permanencia, que venció con un 67% de los votos. Reino Unido nunca pareció adaptarse a las exigencias, que apostaban por una mayor integración económica y política. Desde el primer momento, la aportación al presupuesto europeo fue objeto de polémica.  La Primera Ministra del Reino Unido, elegida en 1979, aterrizaba en su primera cumbre europea con el ya célebre “I want my money back” (Quiero que me devuelvan mi dinero). El cheque británico, obtenido por Thatcher en 1984, concedía privilegios a Reino Unido en este sentido, algo que enfadó a los socios franceses y alemanes. A pesar de este estatus especial – el cual se personalizaría aún más con la no pertenencia a la zona euro o a la zona Schengen -, Reino Unido se dio nunca por satisfecho.

Acta Única Europea

Los acuerdos de Fontainebleau de 1984 que permitían modificar la aportación al presupuesto de la CEE quedaron reflejados en el Acta Única Europea, un importante documento dentro del legado europeo de Margaret, así como la consecución del mercado único europeo, el área de libre cambio que atendía a los intereses que Reino Unido mantenía desde 1958.  Sin embargo, se encontraba lejos de haber forjado ese proyecto y la creciente intervención de las instituciones europeas en asuntos de política monetaria y económica desesperaban a Thatcher.

No a la unión monetaria, no al proceso de integración, no a la pérdida de soberanía

“La Comisión quiere extender sus competencias al área de salud. Dijimos no. No íbamos a estar de acuerdo con esas cosas… Sí, la Comisión quiere aumentar sus poderes, sí, es un organismo no electo y no quiero que aumente sus poderes contra esta casa”.

Thatcher no quería al Parlamento Europeo como cuerpo democrático de los estados de la CEE, ni a la Comisión como poder Ejecutivo, así como tampoco quería que el Consejo de Ministros fuera el Senado. Ante la Cámara de los Comunes, pronunció un claro “No! No! No!”.  La Comunidad Económica Europea no pretendía ser un mercado común: Más bien se estaba convirtiendo en un gobierno supraestatal no electo y al servicio de unos intereses que no pertenecían a Reino Unido y que introducían la discordia en su territorio.

“¡No dejaré que los belgas decidan el valor de la libra!” – Thatcher cogiendo de las solapas de la chaqueta al periodista Philip Stephens.

Antes de que el euro llegara, se sucedieron los intentos de vincular el valor de la libra con el marco alemán. Margaret vio en estas propuestas la “total abolición de la libra esterlina” y se negó a que su control se encontrara en manos de las instituciones europeas o de otros países que no fueran el que ella presidía. Bélgica insistía en la creación de una Europa federal y la Primera Ministra se mantenía distante frente a las peticiones de una mayor integración. “ La moneda única europea está destinada al fracaso”. “Los países que todavía no se han unido al euro harían bien en mantenerse fuera de él”. A pesar de sus esfuerzos y contra su voluntad, 1973 traía la creación del Mecanismo Europeo de Cambio y el Sistema Monetario Europeo. La pretensión de conseguir estabilidad monetaria justificaba el control de los tipos de cambio ante los ojos de los miembros del gobierno de la Dama de Hierro, quienes le dieron la espalda. Esta fractura en el seno de su Ejecutivo marcaría un punto de inflexión en su trayectoria política.

Brexit?

hatcher no cesó en sus críticas a la Unión Europea tras abandonar la política. El indeseable ente burocrático en que se había convertido, el cual apartaba a los ciudadanos de sus gobernantes, era muy diferente del proyecto firmado por Reino Unido en 1958.  Los Estados Miembros de la UE han perdido competencias, han cedido su soberanía, en algunos casos aceptando decisiones que han resultado perjudiciales para su economía, siendo marionetas de las instituciones a las que decidieron someterse tratado a tratado, negociaciones en las que Reino Unido alzó la voz contra la ilegitimidad de su poder y contra la tediosa burocracia que producen.

“Esta Unión Europea es el nuevo comunismo” – Nigel Farage

Ante la exigencia de una mayor integración, que les ha acompañado durante toda su trayectoria europea, el líder del UKIP recordaba la lucha de la Dama de Hierro por conservar la soberanía, protegiéndola de aquellos que arrancan la democracia para entregarla a instituciones ajenas a los ciudadanos de los países que componen la unión. El euroescéptico Nigel Farage situaba a la Troika al nivel de unos criminales, ladrones de cuentas bancarias que pretendían mantener el fracaso del euro.

“Saca tu dinero de la zona euro antes de que vengan a por ti”, advertía en el Parlamento Europeo.

Farage mintió. Lo hizo sobre las cifras que Reino Unido aporta semanalmente al presupuesto de la UE – de 350 millones a 136 -. Ofreció unas posibilidades – como destinar tales 35o millones a sanidad – que no eran ciertas. Jugó sucio.  Pero en esencia, ninguna de sus mentiras desmienten lo que es hoy en día la Unión Europea, que no es otra cosa que aquello que Thatcher trató, de una forma más digna, de luchar.

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Una unión infeliz: El matrimonio y el estado, por Libertario.es

La sentencia del Tribunal Supremo que legaliza el matrimonio gay en el caso Obergefell v. Hodges ha traído con ella tanto celebración como ira. Lo que parece haber desaparecido sin embargo en esta discusión son los aprietos que ha sufrido la institución del matrimonio en Estados Unidos y Occidente en general.

Algunos, como Rand Paul, han recomendado dejar al gobierno “completamente fuera del asunto del matrimonio”. De hecho ¿qué le importa al gobierno haber definido que el matrimonio tenga que ser heterosexual u homosexual? Pero esto deja de lado el mayor problema de que el gobierno ha hecho todo lo posible por destruir la institución con incentivos perversos y leyes punitivas. Dejar al gobierno “completamente fuera del asunto del matrimonio” puede ser la única forma de salvarlo. Pero hacerlo requerirá mucho más que sencillamente privatizar las ceremonias de boda.

Cómo el gobierno se implicó en el matrimonio

La institución del matrimonio ha sido un fundamento de la civilización, pero no tenía nada que ver con el gobierno. De hecho, es importante señalar que los gobiernos no se implicaron en la institución hasta fechas relativamente recientes. Y una vez implicado, su papel ha estado lejos de ser benevolente. Stephanie Coontz escribe la historia como sigue:

Durante 16 siglos, la cristiandad también definía la validez de un matrimonio sobre la base de la voluntad de una pareja. Si dos personas afirmaban que habían intercambiado votos maritales (aunque fuera  solos en el pajar) la Iglesia Católica aceptaba que estaban válidamente casados.

No fue hasta el siglo XVI cuando los estados europeos empezaron a requerir que los matrimonios se llevaran a cabo bajo el auspicio de la ley. En parte, fue un intento de impedir uniones entre jóvenes cuyos padres se oponían a su relación.

En las colonias americanas se obligaba a registrar los matrimonios, pero eso era todo. Luego vino una combinación de Jim Crow y el movimiento eugenésico y los sabios burócratas decidieron que tenían que dirigir las decisiones de su ignorante ciudadanía.

En la década de 1920, 38 estados prohibieron que los blancos se casaran con negros, mulatos, japoneses, chinos, indios, mongoles, malayos o filipinos. Doce estado no darían licencias de matrimonio si un miembro de la pareja era alcohólico, adicto o tenía un “defecto mental”.

La guerra del gobierno contra el matrimonio

No debería ser difícil ver que el gobierno ha estado desincentivando el matrimonio durante mucho tiempo con programas sociales y de otro tipo. En los primeros tiempos del estado del bienestar, era tan descarado como sencillamente no pagar si había un hombre en el hogar. Hoy se ha aliviado ese requisito. Aun así, el matrimonio está declinando rápidamente en Estados Unidos en toda su demografía. En 1960, el 72% de la gente con 18 años o más estaba casada; en 2010, era el 51% y una cifra récord de gente que no se ha casado nunca.

El estado del bienestar ha reducido los incentivos para mantener familias y formarlas en primer lugar sustituyendo por el gobierno los beneficios económicos de tener un cónyuge vivo. Un ejemplo particularmente bueno de esto es La Encuesta de Mantenimiento de Renta de Seattle-Denver. Como señala John C. Goodman: “El divorcio aumentó un 36% más entre los blancos y un 42% más entre los negros. (En una encuesta en Nueva Jersey, la tasa de divorcio era un 84% superior entre hispanos).

Esto tiene un efecto particularmente malo sobre los niños. Hoy el 40,6% de todos los niños son extramatrimoniales, comparados con el 15% de 1930 a 1960. En la comunidad negra, pasó de en torno al 15% en 1950 (sustancialmente menos que la tasa actual blanca del 28,6%) a un tremendo 72,3% actual.

Este aumento en nacimientos extramatrimoniales producido por los incentivos públicos ha desencadenado algunas de sus peores consecuencias sobre los niños a los que aparentemente trata de ayudar. El estudio NIS-4 descubría que solo 2,9 niños de cada 1.000 fueron maltratados en familias intactas frente a entre los 10,2 y los 33,6 de otras estructuras familiares.

Además, está clara la evidencia de que lo que más interesa a los niños en la mayoría de los casos es ser criados por sus padres biológicos. A lo niños en esos hogares les va mejor en casi cualquier medición, incluso cuando se cuentan por estado socioeconómico. E incluso usar esas cuentas es cuestionable, ya que la pobreza está muy correlacionada con la quiebra familiar y la ilegitimidad. Entre 1967 y 2003, la tasa de pobreza para cada base de población (mujeres solteras, parejas casadas con hijos, etc.) cayó sustancialmente. Por ejemplo, la tasa de pobreza para madres solteras cayó del 67,3% al 44,2%. Aun así, la tasa general de pobrezapermaneció casi inalterada porque la tasa de maternidad en solteras ha aumentado drásticamente. Sí, muchas madres solteras (y padres) hacen un gran trabajo, pero es bastante evidente que es mucho más duro criar solos a los niños.

Y el daño del gobierno también afecta al divorcio. No es ningún secreto que algunas sentencias de divorcio resultan increíbles. Y las mujeres no son en modo alguno tampoco inmunes a esto. Madonna se vio obligada a pagar unos 76 millones de dólares a su marido, Guy Ritchie (que resulta ser también multimillonario) por un matrimonio de solo ocho años.

Repartir millones entre millonarios palidece sin embargo en comparación con lo que les puede ocurrir a los ciudadanos normales. En su libro, Taken Into Custody, Stephen Baskerville describe las muchas formas en que los tribunales de familia pisotean libertades constitucionales básicas. Por ejemplo, señala:

La prohibición de la Octava Enmienda de un “castigo cruel y desmedido” no impide a los tribunales de familia privar sumariamente los los padres de licencias profesionales, permisos de conducir y pasaportes que no tienen ninguna relación con la supuesta falta. Los padres que supuestamente (pero, repito, ni acusados formalmente ni probados) delincuentes en los pagos de manutención de los hijos, también han visto requisados sus vehículos y sus nombres publicados en los periódicos.

Incluso se han recuperado los encarcelamientos por deudas, abolidos en Estados Unidos una generación antes de la esclavitud.

La Quinta Enmienda garantiza que “Ninguna persona (…) será privada de vida, libertad o propiedad sin el debido proceso legal” no impide a los tribunales de familia encarcele a padres por desacato civil durante semanas, meses o incluso años sin juicio. En diciembre de 2003, en respuesta a una carta de la American Civil Liberties Union, un juez del condado de Montgomery, Pennsylvania, liberó a unos cien prisioneros que habían sido encarcelados sin el proceso debido supuestamente por no pagar la manutención de los hijos. Los padres fueron sentenciados sin audiencia ni oportunidad de obtener representación legal. La abogada de la ACLU, Maila Brink, dice que los tribunales en toda Pennsylvania encarcelan habitualmente a estos hombres por desacato civil sin previo aviso ni a tiempo para conseguir abogado. Los padres explican que las audiencias normalmente duraban entre treinta segundos y dos minutos, durante las cuales eran sentenciados a meses en prisión. (…) Nada indica que Pennsylvania sea algo extraño (…) cien de esos prisioneros en cada uno de los 3.000 condados de Estados Unidos no es en modo alguno algo improbable.

En Carolina del Sur, donde Walter Scott fue abatido por huir de un policía que trataba de arrestarle por no haber pagado la manutención de su hijo, todo un octavo de los reclusos fue encarcelado por retrasos en pagos de manutención de los hijos. Como informaba el The New York Times: “Un estudio del Urban Institute de 2007 sobre deuda en la manutención de hijos descubrió que el 70% de los retrasos se debían a personas que reportaban menos de 10.000$ de renta anual. Se esperaba, de media, que pagaran un 83% de su renta en la manutención”. Algunos casos son auténticas farsas. A un hombre se le ordenó pagar 30.000$ en manutención de hijo a un niño que no era suyo y a un niño de 15 años se le obligó a pagar manutención a la mujer de 34 años que legalmente le violó. Y esto también les puede pasar a las mujeres.

Indudablemente el divorcio es necesario a veces. Pero incluso en esos casos las evidencias demuestran que la custodia conjunta normalmente es lo mejor para el niño. Por supuesto, no siempre es así. Si, por ejemplo, una mujer está siendo golpeada por su marido, debería evidentemente abandonarle y llevarse con ella a sus hijos. Pero en general, un patrón de custodia compartida parece una solución bastante evidente a la negligencia de los tribunales de familia que el gobierno ha evitado muy a menudo. De hecho, un estudio concluyó que “Las tasas de divorcio disminuyeron casi cuatro veces más rápido en estados con custodia compartida, comparados con los estado en que esta es rara”.

El gobierno ha dañado al matrimonio a cada paso. De verdad que es hora de hacer que dejar al gobierno “completamente fuera del asunto del matrimonio”.

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