domingo, 29 de julio de 2018

Las razones del por qué EL SOCIALISMO es la mayor fabrica de PERSONAS EGOISTAS

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Revista austriaca de prensa: 29-VII-2018, por Mises Hispano.

  • Entrevista en ABC a Pablo Casado, que menciona a Hayek.
  • Martín-Miguel Rubio Esteban menciona a Hayek, también en relación con Pablo Casado, en El Imparcial.
  • Francisco Bueno habla de Friedman, pero menciona a Hayek en Infobae.
  • Carlos Alma cita a Hayek en La Prensa.
  • Paul Mil Hernández cita a Rothbard en El Universal.
  • Guillermo Fárber habla de la LSE y menciona a Hayek en El Horizonte.

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sábado, 28 de julio de 2018

La competencia, el monopolio y el papel del gobierno, por Mises Hispano.

[Reimpreso de Free Market Economics: A Basic Reader, recopilado por Bettina G. Greaves]

El gran problema del monopolio al que tiene que enfrentarse hoy la humanidad no es el resultado del funcionamiento de la economía de mercado. Es el producto de una acción intencionada por parte de los gobiernos. No es uno de los males propios del capitalismo, como proclaman los demagogos. Por el contrario, es el fruto de políticas hostiles al capitalismo y que pretenden sabotear y destruir su funcionamiento. —Ludwig Von Mises, La acción humana.

En la sociedad libre, los gobiernos mantienen la paz, protegen la propiedad privada y aplican los contratos. El gobierno debe hacer estas cosas eficazmente y no debe hacer nada más; en caso contrario estarán ausentes las condiciones indispensables para la libertad personal en la sociedad. Ningún hombre mortal puede saber si una sociedad libre es alcanzable o no: los límites de nuestro conocimiento son demasiado estrechos. Pero sí sabemos una cosa: que esta nunca llegará hasta que al menos los defensores de la sociedad libre sean completamente conscientes de las condiciones necesarias para su existencia. Pues aquellos deben estar siempre en guardia contra nuevos movimientos, ideas y principios que pongan en peligro su realización. Por otro lado, deben ser enormemente conscientes de los impedimentos existentes, de forma que puedan dirigir sus energías inteligentemente a la eliminación de las causas de las imperfecciones actuales.

Asumo con considerable inquietud la tarea de argumentar que el gobierno debería dejar de tratar de promover la competencia por medio de leyes antitrust, especialmente porque algunos defensores de la sociedad libre creen que una aplicación vigorosa de esas leyes es absolutamente indispensable. Aun así, las leyes antitrust son incoherentes con los principios básicos de la sociedad libre, la propiedad privada y la libertad de contrato: privan a las personas de propiedad privada en algunos casos y hacen ilegales ciertos contratos que serían válidos en otros. Además, extienden el papel del gobierno mucho más allá de lo previsto por la teoría de la sociedad libre y por tanto equivalen a una admisión inconsciente de que la propia teoría esencial es incoherente, pues la política antitrust acepta implícitamente la premisa marxista de que una economía de laissez faire generaría una decadencia de la competencia y la aparición de un monopolio abusivo. Finalmente, y esto puede ser la razón más acuciante para el artículo actual, en su intento de promover la competencia las leyes antitrust en realidad la están perjudicando.

Leyes vagas e inciertas

Uno de los males esenciales de las leyes antitrust es la vaguedad e incertidumbre de su aplicación. Han producido principalmente confusión. Hace más de 70 años, las leyes antitrust impidieron que se fusionaran la Great Northern Railway y la Northern Pacific, aunque solo un pequeño fragmento de sus líneas respectivas se superponía en competencia. Pero unos pocos años después a United States Steel se le permitió consolidar una enorme preponderancia en la producción de acero del país bajo una sola dirección. Desde entonces hemos estado en un festival contra las fusiones y así, a Bethlehem y Youngstown se les ha prohibido hacer a una escala más pequeña lo que U.S. Steel hizo a gran escala. A Socony y otras compañías petroleras integradas se les dijo que no podrían comprar petróleo a precios establecidos en mercados competitivos. Pero solo unos pocos años antes se había permitido a la Appalachian Coals Association actuar como agente comercial exclusivo para la mayoría de la producción de carbón de toda una región. Cuarenta años después de que su previsión, valentía y capital hubieran sido esenciales para desarrollar el gran complejo productivo de General Motors, a la du Pont Company se le ordenó renunciar al control de sus acciones de aquella empresa debido a una relación comprador-vendedor relativamente insignificante entre ellas. Solo las limitaciones de espacio impiden una lista casi infinita de resultados igualmente contradictorios y poco equitativos de los estallidos impredecibles del volcán antitrust. En la actualidad, las políticas supuestamente competitivas de la Ley Sherman se ven burladas por aquellos componentes patentemente anticompetitivos de las leyes antitrust, la Ley Robinson-Patman y las leyes de comercio justo.

Así que, para el observador cuidadoso y honrado, las leyes antitrust parecen ser un fárrago de confusión, en lugar de un “fuero de libertad económica” como se les califica de los discursos. Se han metamorfoseado, por los antojos políticos a los que su vaguedad las hacen susceptibles, en un insulto a la idea de que las leyes deberían ser aplicadas por igual a todos. Algunos pueden considerar estas consecuencias como únicamente incidentes desafortunados de un programa en general alabable. Aun así, tenemos que recordarnos continuamente que la ley va en beneficio de la ciudadanía, en lugar del juego del gobierno y los juristas. La principal función de la ley es proporcionar a la gente reglas de juego claras y sensatas, de manera que puedan ocuparse de sus asuntos con el mínimo de duda e incertidumbre.

Al tiempo que agravan las incertidumbres existentes de la vida, las leyes antitrust no pueden demostrar la afirmación de que mejoran la competencia, a pesar de las declaraciones de los entusiastas cazatrusts. He oído decir que el resultado de desarticular grandes empresas es crear competencia entre sus fragmentos y por tanto contribuir al bienestar social. Pero un momento de reflexión demostrará que esto es una afirmación vacía e injustificable. Aunque puedan crearse empresas adicionales desarticulando grandes empresas, el resultado no es necesariamente de interés social, ni crea o mejora necesariamente la competencia. El interés social y la competencia no se atienden automáticamente con un aumento del número de empresas. Es de conocimiento común que la competencia puede ser más vigorosa y el servicio a la sociedad mayor cuando un sector tiene menos empresas que cuando tiene muchas. La cuestión, desde el punto de vista de la sociedad, no es cuántas empresas hay, sino lo eficiente y progresivamente que las empresas (sin que importe lo numerosas que sean) utilizan recursos escasos al servicio del público. Tal vez la producción mejore después de que un solo gran productor se divida en fragmentos, pero es igualmente posible que no lo haga. Nadie puede decirlo por adelantado y también es imposible hacerlo después del hecho. Lo único que puede decirse con seguridad acerca de la desarticulación de empresas es que se ha usado el poder del gobierno para negar derechos de propiedad en lugar de para protegerlos. Si realmente queremos que la propiedad privada es la institución más valiosa de la sociedad libre y que en ella reside la fortaleza de la sociedad libre, entonces es incorrecto derogar esa institución sobre la base de una mera adivinanza.

Sindicalismo monopolístico

La aproximación antitrust para la mejora de la competencia pierde todavía más su atractivo cuando se entiende que el monopolio más abusivo y socialmente peligroso que existe hoy en este país es producto directo de los privilegios públicos especiales. Los sindicatos son hoy los monopolios más destructivos en nuestro sistema y son también los mayores beneficiarios de los privilegios públicos especiales.

Ante todo, está el privilegio virtual de la violencia, del que solo disfrutan los sindicatos. Ni las personas de otras organizaciones son tan privilegiadas. La memoria es extrañamente corta con respecto a la violencia sindical y aun así todos los grandes sindicatos de Estados Unidos la han usado habitualmente, tanto en la organización como en la “negociación colectiva”.

De los hombres que se resisten a ser miembros de los sindicatos, muchos son atacados y algunos muertos. Tienen mucho más que temer que las personas que rechazan los halagos de vendedores de otros bienes o servicios. Esto es verdad a pesar del hecho de que el derecho a no unirse al sindicato está firmemente afirmado en la teoría legal y la teoría de la sociedad libre, igual que el derecho a comprar lo que uno quiera o rechazar comprar cuando se quiera.

En 1959, el sindicato de mineros se dedicó a una de sus purgas habituales en las minas no sindicalizadas que aparecían continuamente debido a los salarios antieconómicos a los que obligaban los mineros organizados por dicho sindicato. Una noticia de Associated Press, fechada el 10 de abril de 1959, informaba de que “un trabajador no sindicalizado ha muerto, cinco miembros del sindicato han sido acusados de los disparos mortales y tres galerías se han visto dañadas por dinamita desde que empezó la huelga el 9 de marzo. El paro ha afectado a más de 7.000 personas por las demandas del sindicato de un salario de 34,25$ diarios, un aumento de 2,00$”. El aspecto más nefasto de la noticia se encuentra en la mención a que el gobernador A. B. Chandler de Kentucky estaba amenazando (después de un mes entero de terror y pillaje del sindicato) con ordenar la actuación de la Guardia Nacional en las minas de carbón.

No es un caso aislado. Por el contrario, la violencia y la obstrucción sección física son características habituales de la mayoría de las huelgas, excepto en donde los empresarios cierran “voluntariamente” sus negocios, de acuerdo con la teoría de Reuther de la dirección ilustrada que he descrito en Power Unlimited: The Corruption of Union Leadership (Ronald Press, 1959). Una noticia especial del New York Times, con fecha 5 de agosto de 1959, informaba de que “se ha levantado un asedio hoy para 267 empleados supervisores en la United States Steel Company’s Fairless Works. (…) A partir de ahora al personal supervisor se le permitirá entrar y abandonar la fábrica a voluntad para mantenimiento”. La noticia no dice nada acerca de las probables consecuencias de cualquier intento de las compañías acereras por mantener la producción. Pero el hecho de que los supervisores estuvieran asediados debido a operaciones de mantenimiento sugiere que los trabajadores de a pie que intentaran en dedicarse a la producción serían atacados. No está fuera de lugar inferir que el asedio de los supervisores, por otro lado una acción bastante estúpida, pretendía mandar ese mensaje.

El estudiante cuidadoso del bienestar industrial distinguirá un patrón de violencia que revela un toque institucionalizado y profesional. Piquetes masivos, bandas de matones, manifestaciones locales, bombas de pintura y, tal vez lo más notable de todo, los “permisos” que los sindicatos en huelga emiten para el personal de gestión para fines limitados: son componentes cuidadosamente preparados del poder último de monopolio de los sindicatos.

Por cierto, nos hemos quedado tan confundidos y tan cansados del terror, la destrucción y el desperdicio de los sindicatos organizando guerras que vemos con alivio y contento uno de los contratos más prodigiosos de restricción del comercio nunca llevados a cabo: el celebrado “pacto de no agresión” de la AFL-CIO. Ninguna división de los mercados por ninguna empresa industrial ha logrado nunca esas proporciones. El “pacto de no agresión” divide toda la fuerza trabajadora organizable de acuerdo con las ideas de los líderes sindicales que tenga mayor peso en la AFL-CIO. Determina qué sindicatos tienen “derecho” a qué empleados. La teoría del derecho moderno de las relaciones laborales es que los empleados tienen un derecho a sindicalizarse siguiendo su propia elección. Invirtiendo ese principio, el “pacto de no agresión” afirma que la decisión pertenece al liderazgo del sindicato. Si cualquier grupo empresarial dijera tan abiertamente que dicta las decisiones de los consumidores, sería perseguido por diversas instituciones federales y encarcelado por una u otra o tal vez por muchos comités del Congreso. No recibiría telegramas de felicitación de los principales políticos de la nación.

Intervención pública

Cuanto más se examina el derecho laboral estadunidense, más queda uno convencido de la validez de la teoría del profesor Mises de que ningún monopolio abusivo es posible en una economía de mercado sin la ayuda del gobierno de una manera u otra. Si se permitiera a los empresarios agruparse pacíficamente para resistir la sindicalización, igual que a los sindicatos se les permite realizar actividades coactivas concertadas para obligar a la sindicalización, es probable que las presiones puramente económicas (no violentas) de los sindicatos no fueran tan eficaces como han sido en aumentar el tamaño y poder de los grandes sindicatos. Pero el gobierno ha quitado los empresarios todo poder de resistir la sindicalización, tanto por medios pacíficos como violentos. Al mismo tiempo, ha permitido a los sindicatos retener los métodos más eficaces de coacción económica. Así que piquetes, boicots y otros modos más sutiles de sindicalismo obligatorio son en muchos casos tan eficaces a la hora de obligar a convertirse involuntariamente en miembros (y en ausencia de presiones económicas contrapuestas por parte de los empresarios) como la violencia física abierta.

El sindicalismo monopolista debe también mucho a la ayuda directa y positiva del gobierno. Consideremos la firme prohibición de sindicatos independientes patrocinados por las empresas que ha prevalecido durante más de veinte años. Aunque esos pequeños sindicatos podrían a veces servir mejor los intereses de los empleados, el primer Consejo Nacional de Relaciones Laborales prácticamente declaró ilegales todos los sindicatos independientes y sentencias más recientes continúan favoreciendo a los sindicatos con grandes afiliaciones.

El principio del gobierno de la mayoría

Pero tal vez la contribución más importante del gobierno al monopolio sindical es el principio del gobierno de la mayoría, que hace de cualquier sindicato elegido por la mayoría de los votos en una “unidad apropiada de negociación” el representante exclusivo de todos los empleados en dicha unidad, incluyendo aquellos que no han votado en absoluto, así como aquellos que han rechazado expresamente al sindicato como representante en la negociación. El gobierno de la mayoría es un principio monopolista: siempre tiene que compararse con la libertad individual de acción. La determinación de la “unidad apropiada de negociación” queda a la discreción prácticamente irrevisable del Consejo Nacional de Relaciones Laborales. Y esa institución en numerosos casos se ha sentido obligada a considerar la unidad de negociación más favorable para la elección de sindicatos. De hecho, los políticos podrían aprender algo acerca de la manipulación mediante el estudio de las determinaciones de unidades por parte del consejo laboral.

Incluso si pudiera eliminarse la manipulación, el principio de gobierno de la mayoría seguiría siendo una fuente de abuso monopolístico, basado en un poder de monopolio concedido y aplicado por el gobierno. Un sindicato puede ser certificado como representante exclusivo en una unidad de negociación de 1.000 hombres sobre la base de solo 301 votos afirmativos, pues una lección se consideraría válida en esa unidad si participan 600 empleados. Así que, si una mayoría simple votó a favor del sindicato, los 699 restantes se verán encadenados al sindicato como su representante exclusivo en la negociación, lo quieran o no.

Salvaguardas competitivas

La sociedad no tiene nada que temer de los sindicatos que sin coacción privilegiada negocien contratos laborales y lleven a cabo otras actividades legales y útiles para los trabajadores que hayan aceptado voluntariamente sus servicios. Pues no son sino otra de las asociaciones o instituciones consensuales de servicio que una sociedad libre genera tan prolífic mente. Además, la sociedad libre ha demostrado que su mecanismo esencial, la libre competencia en mercados abiertos, es lo suficientemente duro y resistente como para defenderse contra la explotación frente a cualquier asociación genuinamente voluntaria. El problema crítico aparece cuando un hombre o una asociación destruye el mecanismo principal de defensa de la sociedad por medio de una conducta violenta y coactiva, o cuando ese mecanismo se ve debilitado por el gobierno. Pues entonces, sin los controles y equilibrios de hombres libres rivalizando contra hombres libres en una competencia civilizada, la sociedad se queda tan propensa a la explotación por parte de la gente sin escrúpulos como lo estaría una tienda de lujo sin guardias ni alarmas contra ladrones.

Cuando se entienden las fuentes y componentes del monopolio del sindicato, queda claro que las leyes antitrust no pueden resolver el problema. La fuente fundamental ha de encontrarse en los fallos y errores del gobierno y que no pueden remediar las leyes antitrust más elaboradamente concebidas. El trabajo básico del gobierno es mantener la paz. No ha mantenido la paz en las relaciones laborales. Los gobiernos locales, estatales y federales han fracasado todos en impedir que los matones y los piquetes interfieran en la libertad de acción de los empleados no sindicalizados y los empresarios en las peleas por las negociaciones. (Ver mi libro, The Kingsport Strike, Arlington House, 1967.) Un fracaso similar a la hora de realizar campañas ha permitido convertirse en gigantes a sindicatos que habrían sido pigmeos si solo hubieran representado a los trabajadores que los quieren. Queda igualmente claro que las leyes antitrust no hacen nada por remediar las consecuencias monopolísticas de las ayudas positivas concedidas por el gobierno a los grandes sindicatos, el principio del gobierno a la mayoría y la ilegalidad virtual de los pequeños sindicatos independientes.

Estoy convencido de que los aspectos socialmente peligrosos de los grandes sindicatos se han producido por los errores y fracasos del gobierno que hemos estado considerando. Por un lado, el gobierno ha estado tolerando la violencia y la coacción económica por medio de las cuales los grandes sindicatos han conseguido su poder actual y, por otro, ha intervenido directamente en su apoyo. Además, durante los últimos cuarenta años o más, los cargos de la administración nacional han desempeñado un papel esencial en las disputas industriales clave que han establecido el patrón del llamado impulso inflacionista del coste de los salarios.

Esto último es un factor mucho más importante de lo que parece a primera vista. Sugiere que los controles y equilibrios de la libre empresa son adecuados para proteger al público incluso frente a los monopolios laborales obligatorios creados artificialmente y que conocemos ahora. Además, es razonable inferir que esos controles funcionarían todavía más eficazmente si los políticos no solo se mantuvieran fuera de las negociaciones, sino que también aplicarn las leyes en contra de la organización obligatoria. Estas consideraciones sugieren que el primer paso lógico para aquellos preocupados por el poder sindical sería insistir en que el gobierno elimine los actuales privilegios especiales de los que disfrutan los sindicatos y luego espere pacientemente a ver si el programa funciona por sí mismo sin ninguna intervención adicional del gobierno.

El papel limitado del gobierno, expresado por Mark Twain

Creo que debería adoptarse la misma aproximación con respecto a empresas sospechosas de abusos monopolistas. En lugar de seguir las vaguedades políticas de la aproximación antitrust, sería mejor asegurarse de que se eliminan todos los privilegios especiales, como aranceles, franquicias exclusivas y otros dispositivos públicos para bloquear el acceso a los mercados. La abolición de las leyes fiscales que impidan injustamente a las grandes ganancias amasar de capital necesario para competir con empresas existentes también ayudaría mucho más que las demandas antitrust a la hora de promover la competencia. En resumen, si el gobierno se limitara a proteger la propiedad y los derechos contractuales y desistiera de obstaculizar esos derechos, estaría haciendo todo lo que el gobierno puede hacer para promover la competencia. Y no deberíamos tener que estar muy preocupados acerca de monopolios y contratos que restrinjan el comercio. Pues, como demuestra el relato de Mark Twain sobre la historia del monopolio de los pilotos de los barcos de río en el siglo XIX, el sistema de libre empresa es por sí mismo completamente capaz de destruir todas las restricciones abusivas hacia la competencia que no estén apoyadas y protegidas por el gobierno.

En los años anteriores a la Guerra de Secesión, escribe Twain en Life on the Mississippi, los pilotos de los barcos fluviales de vapor constituyeron una asociación que iba a convertirse, como decía Twain, en “el monopolio más duro del mundo”. Tras muchos intentos de incluir a sus miembros, un repentino aumento en la demanda de pilotos produjo el primer impulso de la asociación. Esto hizo que los miembros mantuvieron su promesa en contra de trabajar con alguien que no fuera miembro y pronto los no miembros empezaron a tener dificultades en conseguir trabajos. Esta dificultad aumentó por el historial de seguridad de los pilotos de la asociación, que inventaron un ingenioso método evolucionado partir de la asociación para conseguir informes actualizados sobre el siempre cambiante canal del Mississippi. Como la información de estos informes se limitaba a los miembros de la asociación, y como los no miembros no tenían una guía de navegación comparable, el número de barcos perdidos o dañados por estos últimos se hizo pronto evidentemente desproporcionada. “Un día negro”, escribe Twain, “se ordenó formalmente a todos los capitanes (por los suscriptores) despedir inmediatamente a la gente ajena y a tomar pilotos asociados en su lugar”.

La asociación estaba entonces en el asiento del conductor. Prohibió todos los aprendices durante cinco años y controló estrictamente su número a partir de entonces. Entró en el negocio los seguros, asegurando no solo la vida de sus miembros, sino también las pérdidas de los barcos. Por ley de EEUU, era necesaria la firma de dos pilotos licenciados antes de convertirse en nuevo piloto. “Pero no había nadie fuera de la asociación competente para firmar”, dice Twain y “consecuentemente se acabó la creación de pilotos”. La asociación procedió a forzar al alza los salarios hasta quinientos dólares al mes en el Mississippi y setecientos dólares en algunos de sus afluentes. Los salarios de los capitanes naturalmente tenían que ascender al menos al nivel del de los pilotos y pronto los mayores costes tenían que reflejarse en tarifas más altas. Entonces empezaron a funcionar los controles y equilibrios de la sociedad. Este es el resumen de Twain:

Como he señalado, la asociación de pilotos era entonces tal vez el monopolio más compacto del mundo y parecía sencillamente indestructible. Y aun así sus días de gloria estaban contados. Primero, el nuevo ferrocarril (…) empezó a desviar los viajes de pasajeros de los barcos de vapor; luego llegó la guerra, que aniquiló casi completamente el sector de los barcos de vapor durante muchos años (…) luego el tesorero de la asociación de St. Louis metió la mano y se fue con todos los dólares de la fundación y finalmente, con los ferrocarriles entrando por todas partes, había poco para hacer en los barcos que no fuera transportar cargas. Así que inmediatamente algún genio de la costa atlántica presentó un plan para arrastrar una docena de cargos en barcos de vapor hasta Nueva Orleans arrastrados por un vulgar y pequeño remolcador y, atentos, en un abrir y cerrar de ojos, por decirlo así, la asociación y la noble ciencia del pilotaje fueron cosas de un pasado muerto y patético.

La moraleja: el trabajo del gobierno se lleva a cabo cuando defiende el derecho de los empresarios o trabajadores competitivos a asumir las funciones de las que abusan los grupos monopolistas. La moraleja más profunda es que los abusos monopolísticos raramente sobreviven sin una base de una forma u otra de privilegio especial concedido por el gobierno. Las largas y grandes huelgas del acero, el automóvil y otras que hemos sufrido no habrían durado tanto tiempo si el gobierno hubiera protegido efectivamente el derecho de las empresas a mantener sus fábricas operando y el derecho de los empleados a continuar trabajando durante la huelga.


El artículo original se encuentra aquí.

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Valor subjetivo no es valor arbitrario, por Mises Hispano.

Desde la perspectiva austriaca, se ve a cada persona empleando los recursos o medios a su disposición para conseguir diversos fines. El uso de recursos no es caprichoso, sino que está de acuerdo con las prioridades de una persona. La persona clasifica diversos fines u objetivos que quiere alcanzar.

La explicación de Menger de cómo se forman las valoraciones

Según Carl Menger, el fundador de la Escuela Austriaca de economía, el núcleo de las valoraciones de una persona es su vida. Una persona asigna valores a bienes de acuerdo con la importancia de esos bienes para el mantenimiento de su vida. Los diversos fines que una persona encuentra importantes para el mantenimiento de su vida se valoran luego de acuerdo con una clasificación descendente.

Sobre esto, Menger escribía:

En lo que se refiere las diferencias en importancia que tienen para nosotros las distintas satisfacciones, está sobre todo el hecho de la experiencia más común de que las satisfacciones de mayor importancia para los hombres son normalmente aquellas de las que depende el mantenimiento de su vida y de que las demás satisfacciones se gradúan en magnitud e importancia de acuerdo con el grado (duración e intensidad) de placer que dependa de ellas. Así que, si los hombres que economizan deben elegir entre la satisfacción una necesidad de la que depende el mantenimiento de sus vidas y otra de la que depende únicamente un mayor o menor grado de bienestar, normalmente preferirán la primera.[1]

Consideremos a John el panadero, que ha producido cuatro barras de pan. Las cuatro barras de pan son sus recursos o medios que emplea para alcanzar diversos fines.

Supongamos que su mayor prioridad o su mayor fin es tener una barra de pan para sí mismo. Esto significa que John guardará para su consumo personal una barra de pan.

El consumo de una barra de pan es de la máxima importancia, ya que afecta al mantenimiento de su vida.

Con respecto a su segunda barra de pan, John la intercambia por cinco tomates, lo que ayuda a John a conseguir su segundo objetivo más importante. Para John los cinco tomates van a mejorar su vida y su bienestar.

John usa luego una tercera barra de pan para intercambiarla por una camisa, su tercer fin más importante.

Finalmente, John decide que usará su cuarta barra de pan para dar de comer a los pajaritos. Dar de comer a los pajaritos se clasifica como el número cuatro en la lista de prioridades de John en lo que se refiere a su vida y bienestar.

El fin determina la importancia de los medios

Observemos que para lograr el segundo y el tercer fin John tuvo que intercambiar sus recursos (barras de pan) por bienes que le servirían para alcanzar sus fines.

Para conseguir el fin de tener una camisa, John tuvo que intercambiar su barra de pan por la camisa. La barra de pan no es apropiada por sí misma para proporcionar los servicios que ofrece la camisa.

La idoneidad de los medios es lo que les da valor con respecto a un “fin” particular.

Por ejemplo, para conseguir el fin de tener una camisa John debe decidir si va a ser una camisa para el ocio o una camisa de trabajo.

John tendrá que seleccionar entre diversas camisas la más apropiada para su fin concreto, supongamos que es tener una camisa de trabajo.

Al ser un panadero, John puede concluir que la camisa debe ser de color blanco y estar hecha de un material fino en lugar de grueso, para estar cómodo mientras trabaja cerca de un horno encendido.

Advirtamos que su selección no es arbitraria, sino que está basada en los hechos de la realidad: para trabajar, necesita una camisa cómoda. En este sentido, la camisa elegida promueve la vida y el bienestar de John.

En lo que se refiere a John, da de comer a pajaritos se clasifica como el más bajo entre los fines que busca llevar a cabo con su existencia de recursos: cuatro barras de pan.

Observemos que la primera barra de pan se emplea para alcanzar el fin más importante de John, la segunda barra de pan para alcanzar el segundo fin más importante, etc.

Aparte de esto, podemos inferir que el fin también asigna una importancia al recurso empleado para alcanzar dicho fin. Esto implica que la primera barra tiene mucha mayor importancia que la segunda, debido al fin u objetivo más importante que permite lograr la primera barra.

Por qué el valor de los bienes está determinado por el fin menos importante

Ahora, como John considera cada una de las cuatro barras de pan en su posesión como intercambiables, asigna a cada barra de pan la importancia imputada al fin menos importante, que es dar de comer a los pajaritos.

¿Por qué el fin menos importante sirve como patrón de valoración de las barras de pan?

Imaginemos que John usa el fin más importante como patrón para asignar valor a cada barra de pan. Esto implicaría que valora las barras segunda, tercera y cuarta mucho más que los fines que consiguen. (Recordemos que la segunda barra de pan ayuda a John a alcanzar su segundo objetivo más importante, la tercera barra de pan, el tercer objetivo más importante y la cuarta barra de pan, el cuarto objetivo más importante).

Sin embargo, si es así, ¿qué sentido tiene tratar de intercambiar algo que valoramos más por algo que valoramos menos?

Hemos visto que para satisfacer su segundo fin de obtener cinco tomates tendría que intercambiar una barra de pan.

Sin embargo, si John valora más una barra de pan que cinco tomates, evidentemente no tendrá lugar ningún intercambio.

Como la cuarta barra de pan es la última unidad en la oferta total de John, también se le llama la unidad marginal: la unidad en el margen.

Esta unidad marginal alcanza el fin menos importante. Alternativamente, también podemos decir que la unidad marginal proporciona el menor beneficio en lo que se refiere al mantenimiento de la vida.

Si John tuviera solo tres barras de pan, esto significaría que cada barra se valoraría de acuerdo con el fin número tres: tener una camisa. Este fin está clasificado por encima del fin de dar de comer a los pajaritos.

Aparte de esto, podemos inferir que al disminuir la oferta de pan aumenta la utilidad marginal del pan. Esto significa que cada barra de pan se valorará ahora mucho más que antes de que haya caído la oferta de pan.

Por el contrario, al aumentar la oferta de pan, su utilidad marginal cae, ya que cada barra de pan ahora se valora menos que antes de que tuviera lugar el aumento en la oferta. Advirtamos que la ley de la utilidad marginal decreciente deriva aquí del hecho de que las personas usan medios para conseguir fines.

Los fines no se establecen arbitrariamente

Advirtamos también que los fines no se establecen una manera arbitraria, sino que se gradúan de acuerdo con su importancia para mantener la vida.

Aunque es verdad que las valoraciones son subjetivas, no se forman independientemente de los hechos de la realidad. No se forman mecánicamente mediante alguna escala de valoración, sino que se forman de una forma consciente e intencionada.

Se John hubiera clasificado sus fines arbitrariamente, habría corrido el riesgo de poner en peligro su vida. Por ejemplo, si hubiera asignado la mayoría de sus recursos a la ropa y a dar de comer a los pajaritos y muy poco a alimentarse, correría el riesgo de debilitar su cuerpo y ponerse gravemente enfermo.

Hemos visto que al elegir un fin particular una persona también establece un patrón para evaluar diversos medios. Por ejemplo, si mi fin es proporcionar una buena educación a mi hijo, investigaré diversas instituciones educativas y las clasificaré de acuerdo con mi información con respecto a la calidad de educación que están ofreciendo estas instituciones.

Observemos que mi patrón de gradación de estas instituciones es mi fin, que es ofrecer a mi hijo una buena educación.

También hemos visto que otra limitación para alcanzar diversos objetivos es la disponibilidad de medios apropiados. Así que para calmar mi sed en el desierto necesito agua. Los diamantes en mi posesión no servirán de anda a este respecto.

No existe una utilidad total

La utilidad marginal no es, como presenta la perspectiva ortodoxa, una suma a la utilidad total, sino la utilidad del fin marginal.

No existe una suma de la utilidad total debida a una unidad adicional de un bien. Como hemos visto, la utilidad no trata cantidades, sino prioridades o la clasificación que establece cada persona con respecto a su vida.[2] Evidentemente, no se pueden sumar aritméticamente prioridades como tales. Como la utilidad total no existe como tal, los diversos modelos en economía que se basan en la visión de que existe dicho total son cuestionables. Según Rothbard:

Muchos errores en las explicaciones derivan del supuesto de que hay algún tipo de cantidad medible, al menos en principio. Por ejemplo, cuando nos referimos a una “maximización” de la utilidad del consumidor no nos estamos refiriendo a una existencia o cantidad concreta de algo a maximizar. Nos referimos a la posición mejor clasificada en la escala de valores de la persona. Igualmente, está el supuesto de que lo infinitamente pequeño, unido a la creencia en la utilidad como una cantidad, que lleva el erro de tratar la utilidad marginal como la derivada matemática de la integral de la “utilidad total” de varias unidades de un bien. En realidad, no existe esa relación y no existe una “utilidad total”, solo la utilidad marginal de una unidad de mayor tamaño. El tamaño de la unidad depende de su relevancia para la acción concreta.[3]


El artículo original se encuentra aquí.

 

[1] Carl Menger, Principios de economía política, capítulo 3.

[2] Murray Rothbard, El hombre, la economía y el estado.

[3] Ibíd.

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Scott Sumner quiere “modernizar la Reserva Federal” – Esto es en lo que se equivoca, por Mises Hispano.

Scott Sumner escribió recientemente un artículo que sugiere que la Reserva Federal necesita modernizar su enfoque de la política monetaria, un sentimiento compartido por muchos economistas y legisladores. Sin dudas, la FED ha realizado una serie de cambios y ajustes para aumentar su transparencia y credibilidad luego de que el presidente Nixon eliminara del mundo el patrón oro de la era de Bretton Woods en 1971.

Sin embargo, en el caso de Sumner, él está pidiendo una modernización del cronograma de la política monetaria. El organismo de formulación de política monetaria de la FED -el Comité Federal de Mercado Abierto- se reúne aproximadamente cada 6 semanas, toma una votación y luego emite su directriz política para la tasa de fondos federales, es decir, el FFR, durante las próximas 6 semanas.

Sumner aboga por un sistema que permita que todos los miembros con derecho a voto del comité envíen por correo electrónico al presidente su tarifa deseada diariamente. Luego elegiría la tasa promedio para que la FED apunte en ese día. El FFR y todas las tarifas basadas en él podrían cambiar día a día.

Sumner cree que este es un enfoque superior porque el cambio diario ocurre en todos los mercados, por lo que parece una serie de datos más orientada al mercado denominada en pequeños incrementos de 1/100 de 1%. Compare esto con el enfoque poco práctico que tenemos hoy en día, donde las tasas cambian en 25/100 de incrementos del 1% de forma irregular.

La segunda razón para esta reforma es que el comité de la FED puede cometer errores como lo hizo en 1937, según Sumner, lo que lleva a una grave recesión. La Reserva Federal de 1937 se mostró reacia a revertir el rumbo porque admitirían su error de una manera tan obvia de reducir el FFR de manera abrupta. Con la reforma de Sumner, admitir el fracaso y la culpa sería mucho menos obvio para el público en general.

Sin embargo, la pregunta subyacente es si desea que el FFR se ajuste rápida o correctamente. Parece claro que Sumner y muchos economistas, incluyéndome a mí, piensan que la FED comete errores regularmente. La determinación del mercado es rápida, regular y tiende a ser más correcta que la determinación burocrática. Sin embargo, para obtener una política monetaria más orientada al mercado, es necesario reconsiderar la construcción artificial de la focalización del FFR.

El enfoque actual implica leer las hojas de té de los datos agregados. ¿Qué tan rápido está creciendo el PIB? ¿Cuál es el estado del mercado laboral? ¿Qué tan rápido está aumentando la inflación de precios? Sin embargo, no siempre está claro qué implican los datos brutos. A veces, el descenso del PIB es algo bueno, como después de la Segunda Guerra Mundial. En ocasiones, una tasa de disminución de la participación laboral es algo bueno, como cuando más estadounidenses disfrutan de su jubilación.

Luego está el tema de la revisión de esas estadísticas. El PIB, una medición defectuosa de la economía, se libera tres veces durante los cuatro meses siguientes al final del período de tres meses que intenta medir. ¿Cómo se supone que los miembros del comité de mercado abierto hacen proyecciones diarias basadas en ese tipo de proceso?

Si elimináramos el sistema actual, serían los banqueros los que determinarían el FFR en función de sus decisiones diarias de pedir prestado o prestar en el mercado de fondos federales, donde los bancos tomarían préstamos de otros bancos a corto plazo para cumplir con sus requisitos de reservas.

Los banqueros basarían sus decisiones en la cantidad de negocios anticipados y reales que cruzan la puerta a diario. ¿Los depósitos están subiendo o bajando? ¿Las solicitudes de préstamos aumentan o disminuyen? ¿Las personas van por préstamos a plazos más largos o más cortos? ¿Los clientes depositan dinero en depósitos a corto plazo o CD a más largo plazo? Toda esta información está disponible para los banqueros.

La FED está manejando la economía mirando por el espejo retrovisor y está destinada a cometer errores. Los banqueros también cometerán errores, pero no solo pueden ajustarse muy rápido, sino que tienen la información para tomar decisiones más acertadas y realizar los ajustes necesarios. Su capacidad para estabilizar el mercado solo debería mejorar con el tiempo con la experiencia.

Con estas tasas de interés determinadas por el mercado, habría más estabilidad en activos tales como los mercados de bienes raíces y acciones, evitando los auges y caídas de los ciclos comerciales impulsados ​​por el banco central. Esto ofrecería a los estadounidenses una mayor estabilidad y confianza en sus ahorros, algo que es aún más importante debido a las preocupaciones sobre la solvencia de la seguridad social. El crecimiento económico sería natural, no artificial.

El objetivo de la reforma políticas no debe ser tomar decisiones diarias rápidas que se parezcan a los datos del mercado. El objetivo debe ser tomar decisiones correctas que sean datos de mercado.


El artículo original se encuentra aquí.

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La UE se está pudriendo (y sus bancos son insolventes), por Mises Hispano.

La UE es una construcción política en estado de decadencia terminal. Sabemos esto por una razón y solo una: su núcleo principal es que el estado es superior a su pueblo. Un sistema de gobierno solo puede funcionar a largo plazo si reconoce que es el servidor del pueblo, no su amo. No importa qué sistema electoral tenga en vigor, mientras se siga esta idea principal.

El ejecutivo de la UE en Bruselas no acepta la primacía electoral. Por el contrario, comparte con el comunismo marxista una creencia en la primacía estatista. La única diferencia entre ambos credos es que Marx planeaba gobernar el mundo, mientras que Bruselas está en camino de gobernar Europa.

Los métodos para satisfacer sus objetivos son distintos. Marx defendía una guerra civil a escala global para destruir al capitalismo y la burguesía, mientras que Bruselas ha ido asumiendo progresivamente poderes que marginan los parlamentos nacionales. Ambos credos comparten una creencia en un ejecutivo todopoderoso. La comparación con el marxismo no supone una adulación a la UE y sugiere que tiene una vida limitada y podemos estar a punto de ver que la UE empieza a desintegrarse. A pesar de la evolución económica del resto del mundo, como los comunistas marxistas, Bruselas está atascada con un credo económico y político que está fracasando.

No tiene ningún mecanismo para la transacción o la adaptación. Se acabó con una rebelión en Grecia, los británicos votaron a favor del Bréxit, que está resultando imposible de negociar y ahora Italia piensa que puede escapar parcialmente de esta versión estatista del Hotel California. Los italianos están cometiendo errores enormes. Los partidos rebeldes que forman una coalición de gobierno quieren estar en la UE, pero tratan de salirse del euro. Dejando aparte la imposibilidad de un cambio por un momento, están haciendo lo contrario de lo indicado. Si quieren conseguir algo, deberían salir de la UE y mantenerse en el euro. Dejadme que me explique, empezando por la política, antes de considerar la economía.

Como he indicado antes, la UE es cuasi-marxista, poniendo al estado por encima del pueblo. El gobierno italiano ha colaborado con Bruselas para esclavizar a su propio pueblo como vasallos del superestado de la UE. Si hay una revuelta en Italia, es porque el electorado se está rebelando. Los eurócratas sin rostro dicen al pueblo italiano qué hacer y qué pensar. El pueblo está descontento tanto con el superestado como con sus propios gobiernos débiles.

Los dos partidos que forman la última coalición están demasiado asustados como para culpar a la UE y en su lugar proponen pedir que se les perdone la deuda y dicen que están considerando abandonar el euro. Pero sin una visión clara y un entendimiento de por qué está descontento al electorado italiano esta coalición resultará, en una de las expresiones memorables de Boris Johnson, estar compuesta por poco más que gelatina invertebrada protoplásmica supina. Grecia es el precedente. Esto hace fácil a la UE tratar con los italianos. No conseguirán nada.

El argumento económico de que Italia estaría mejor con su propia moneda es absurdo. Con un historial de gobiernos débiles e irresponsables, es mucho mejor para la moneda estar fuera del control de Italia. Sin embargo, los comentaristas keynesianos simpatizan con el argumento de la moneda débil, creyendo que el euro se creó en beneficio de Alemania. Italia, junto con los demás miembros mediterráneos, se dice que está pagando el precio. Alegan que este es el defecto fatal de un euro de talla única. Esta interpretación de la situación monetaria es una bobada. Ignora el hecho de que la deuda de Italia se disparó después de la creación del euro, porque el coste de tomar prestado para Italia se ajusta a los tipos de préstamo para Alemania, gracias a la garantía de una eventual unificación. La diferencia era que Alemania tomaba prestado para invertir en producción, mientras que el gobierno italiano tomaba prestado para gastar. Hoy el problema es que la prodigalidad el pasado ha alcanzado a Italia y su gobierno debe dejar de tomar prestado.

Crear una lira alternativa o los propuestos mini-BOT es un concepto mal pensado que solo empeora las cosas. La propuesta de mini-BOT parece ser una emisión de certificados respaldados por futuros ingresos fiscales para usarlos para pagar a los acreedores del gobierno. Luego circularían como billetes emitidos por el estado, pero con un descuento para reflejar tanto su valor temporal como el hecho de que no son euros. Parece que a los promotores de planes como estos no se les ocurre que los acreedores del estado insistirán en que se les pague en euros.

Los promotores de planes como los mini-BOT son obsesos monetarios, incentivados por un deseo de eludir la realidad. El gobierno italiano ha estado usando este tipo de trucos mágicos durante años, sobre todo con la titularización de flujos futuros de renta, como la lotería nacional. Los mini-BOT parecen ser una propuesta para tirar una vez más los dados.

Sorprende poco que el pueblo italiano este harto de sus dirigentes y sienta que solo pueden socavar el sistema colectivamente votando contra ellos en las elecciones. Pero es demasiado tarde, porque el estado, y por tanto los bancos, ya están irreversiblemente quebrados, un hecho apenas ocultado por la financiación del BCE al gobierno italiano con tipos de interés cercanos a cero a través de la compra de bonos públicos. No es solo que el BCE niega la situación financiera de Italia, sino que también Italia está firmemente aprisionada.

Los bancos de la UE también son insolventes

La perturbación de la salida italiana del euro sería fatal para el sistema bancario de la UE, al menos en cuatro niveles.

  • El apoyo desde el BCE a los bancos italianos desaparecería, lo que podría ocasionar una cascada de quiebras bancarias en Italia, ya sea por el resultado de malas deudas cristalizando dentro del sistema o debido al deterioro de los balances por la caída en los precios de los bonos públicos italianos.
  • Aparecerán problemas para los bancos cuando préstamos pasados sigan denominados en euros, mientras que sus balances pasan a una nueva divisa que se debilita. A los bancos italianos les faltan los márgenes para capear balances desequilibrados, cuyos activos están denominados en una divisa en declive en relación con la divisa de sus pasivos.
  • Habrá una fuga de residentes en otros países de la Eurozona para reducir y eliminar sus compromisos italianos, lo que equivaldría a una corrida bancaria contra todo el país. La única solución política sería imponer controles draconianos de capital entre Italia y el resto del mundo, incluyendo otros estados miembros de la UE.
  • Finalmente, está la amenaza para el BCE y el propio sistema del euro.

Esto requiere poca explicación, salvo tal vez la amenaza para el BCE y el sistema del euro. El BCE ha estado comprando grandes cantidades de bonos italianos, financiando en la práctica el exceso de gasto público italiano, con intereses ridículamente bajos. En la práctica, el BCE se ha colocado en una posición imposible y al ir empeorando la situación italiana el debate sobre el destino de los desequilibrios del Target 2 está condenado a intensificarse.[1] Estos se aprecian en el gráfico siguiente, que muestra los balances a final de marzo.

Graph_numero_uno.pngMientras se mantenga unido el sistema del euro, se nos asegura que estos desequilibrios no importan. Sin embargo, con el banco central italiano endeuda con el sistema en torno a unos 447.000 millones de euros, cómo se tratarían estos desequilibrios con una salida italiana del euro sin un colapso del sistema resulta ser una pregunta interesante. Y merece la pena señalar que el banco central de España también tiene un agujero de 390.000 millones de euros, solo por si el electorado español, o incluso los catalanes o vascos, tienen ideas de abandonarlo también.

Al Bundesbank le deben 896.000 millones de euros netos y se pondrá extremadamente nervioso con Italia. Al propio BCE se le deben 235.000 millones de euros netos todos los bancos centrales nacionales. Cuando el BCE compra deuda pública italiana, la Banca d’Italia actúa en su nombre. Los bonos italianos se guardan en la Banca d’Italia y se debe el dinero. En la medida en que el BCE haya comprado bonos italianos, se reduce el balance negativo general en la Banca d’Italia, así que sus déficits con oros bancos nacionales en el sistema son realmente mayores que los 447.000 millones de euros mostrados, en la cantidad debida al BCE.

En resumen, es difícil ver cómo puede Italia abandonar el euro sin que el BCE garantice formalmente todos los déficits del Target 2. No es imposible y la garantía ya se da por supuesta, pero el BCE no querrá que nadie cuestione su propia solvencia, así que podemos suponer con seguridad que no se permitiría una salida, por una sencilla razón: el sistema y los bancos solo son solventes mientras no se cuestione el sistema.

En todo caso, puede que no se plantee la cuestión relativa a la pertenencia al euro de Italia, porque la nueva coalición todavía no sabe lo que quiere. Debe asimismo disuadirse a los italianos de su deseo de condonación de la deuda, por las mismas razones por las que no se le concedió a Grecia. Y, como descubrieron los griegos, tratar de negociar con la UE y el BCE era como hablar con una pared. Los italianos experimentarían las mismas dificultades. Podemos rechazar cualquier idea de que como Italia es un problema mucho mayor tiene poder negociador. Una pared sigue siendo una pared.

En lo que se refiere a Bruselas y Frankfurt (la sede del BCE), siempre tienen razón. El proyecto europeo y el euro son más importantes que las naciones miembros individuales y sus electorados no tienen nada que decir. A menudo consideramos esto como arrogancia, lo que es un error. Es peor: como los marxistas, los eurócratas tienen una convicción irrefutable de su lado. Al otro lado de la mesa se sentarán los italianos, sin creencias políticas dignas de mención y absolutamente asustados por las consecuencias de sus propias acciones.

Así funciona la UE. Inevitablemente, en un sistema estatista sin rostro como este, siempre hay problemas que tratar a nivel nacional. Luego están las dificultades localizadas, como el Deutsche Bank, cuyo precio en bolsa nos dice que está quebrando. Pero, en ese caso, indudablemente será rescatado debido a su enorme riesgo derivado, la contención del riesgo sistémico de la eurozona y el orgullo alemán. El BCE ha mostrado una gran capacidad en salir del farol a través de estos y otros problemas y es probable que continúe teniendo éxito al hacerlo, salvo por una circunstancia especial, que es la etapa de la crisis del ciclo crediticio.

El ciclo crediticio será la destrucción de la UE

Hay un error común que tiene el mundo sobre el ciclo económico: acusa al sector privado de los auges y declives periódicos. La verdad es que todo auge y declive tiene su origen en la política monetaria del banco central y la banca de reserva fraccionaria.

Un banco central primero intenta estimular a la economía con tipos bajos de interés, tras inyectar dinero base en la economía para rescatar a los bancos de la crisis anterior. El banco central continúa rebajando los tipos de interés, inflando los activos y facilitando la financiación de los déficits públicos.

A esto le sigue la expansión del crédito bancario, al apreciar los bancos que han mejorado las condiciones comerciales en la economía no financiera. La inflación de precios repunta inesperada pero inevitablemente y los tipos de interés tienen que aumentar. Aumentan hasta el punto en el que anteriores malas inversiones empiezan a liquidarse y se desarrolla una crisis de pago de préstamos en los mercados financieros.

Es esencialmente un ciclo crediticio, no económico. Los banqueros centrales, con muy pocas excepciones, no entienden que son su causa. Y los pocos banqueros centrales que sí lo entienden son incapaces de influir en la política monetaria lo suficiente para cambiarla. Al no entender que crean ellos mismos la crisis, los banqueros centrales creen que pueden controlar todos los riesgos financieros a través de regulación e intervención, y por eso siempre les pilla por sorpresa cuando les golpea una crisis crediticia.

Por estas razones sabemos que es solo cosa de tiempo antes de que el mundo se enfrente a otra crisis crediticia. La próxima probablemente no tenga precedentes en su violencia, incluso excediendo la última de 2008/09, debido a la escala de la reflación monetaria adicional que ha tenido lugar a lo largo de los últimos diez años. La mayor acumulación de deuda en el periodo correspondiente también significa que la disparará un aumento más pequeño de la inflación de precios y por tanto un nivel más bajo de tipos de interés.

Mis expectativas actuales son que no está lejana una liquidación de deuda global y una crisis crediticia que se producirá al final del primer trimestre de 2019, tal vez incluso al final de este año. El problema es global y no sabemos dónde estallará. Pero, cuando lo haga, el BCE y el euro probablemente tengan que enfrentarse a la deflación más violenta de la historia moderna, excediendo incluso la recesión global de la década de 1930. Sabemos por adelantado cuál será la supuesta solución: hiperinflación monetaria para rescatar a bancos, gobiernos y endeudados.

Los efectos sobre los precios en la Eurozona es improbable que se retrasen tanto como en el ciclo actual, en parte debido a la enorme escala de la emisión de nuevo dinero y crédito requeridos para estabilizar el sistema financiero, en parte porque el euro está subordinado al dólar como divisa de refugio seguro y en parte debido a su corta historia como medio de intercambio.

Bréxit

Si solo tengo la mitad de razón acerca de los plazos de la próxima crisis crediticia, será aproximadamente al mismo tiempo en que Gran Bretaña esté a punto de salir de la UE en marzo de 2019. Lógicamente, el Bréxit no debería verse afectado por la crisis crediticia ni la catástrofe de la Eurozona, pero los instintos estatistas del gobierno británico podrían paralizar todo el proceso del Bréxit a favor de la unidad pública global, al menos mientras no se trate la mayor crisis crediticia. La coordinación de políticas al nivel G20 parece condenado a tomar la preferencia por encima de problemas políticos potencialmente perturbadores como el Bréxit.

Así que, a pesar del compromiso del referéndum, incluso Gran Bretaña puede continuar atrapada en el pudridero del superestado de la UE durante cierto tiempo, en contra de los deseos del electorado. Como se anticipaba en Camino de servidumbre de Hayek, la UE y el gobierno británico aprovecharían la oportunidad de la crisis para aumentar su control sobre las personas individuales, erosionando todavía más las libertades limitadas que les quedan.

Mientras tanto, los británicos encontrarán en una posición similar a la de los italianos. La UE sencillamente rechaza aceptar el mandato electoral británico, porque, en lo que a ella respecta, no es un asunto para los votantes británicos. Bruselas se reafirma en que hay poderosas fuerzas en la comunidad británica que socavarán la posición negociadora de Gran Bretaña. Confían en que Gran Bretaña nunca abandonará la UE, porque no se lo van a permitir. Consecuentemente, el equipo del Bréxit británico descubrirá qué está tratando de negociar con una pared no dispuesta a transigir.

La certidumbre de tipo marxista de la postura de la UE tiene que compararse con la falta de compromiso británico con alguna postura sólida. El gobierno conservador solo defiende de boquilla los mercados libres, sin estar dispuesto a argumentar una defensa de estos. Tampoco puede basarse en el principio de la supremacía democrática del electorado británico, que, a pesar de la letanía de actuar siguiendo las instrucciones de referéndum, parece dispuesto a negociar. Resulta que, a pesar de los esfuerzos de los seguidores del Bréxit como Boris Johnson, el gobierno británico, como el gobierno italiano, resulta ser una gelatina invertebrada protoplásmica supina, que pone sus instintos de supervivencia a corto plazo por encima de sus responsabilidades electorales.

En este momento, solo podemos conjeturar que, igual que en la antigua Unión Soviética, el control político de la UE es más firme que nunca. El problema es que la negación de los mercados libres y la supremacía del superestado están pudriendo gradualmente a la UE desde el interior. El instinto euroescéptico de abandonarla en busca de un mundo con más progreso fuera de la UE sin duda es correcto. Pero la precariedad de la UE solo quedará completamente al descubierto en la próxima crisis crediticia y en la respuesta monetaria del BCE a esta, que acabará haciendo colapsar el euro.


El artículo original se encuentra aquí.

[1] El sistema Target 2 es el sistema de liquidación en la Eurozona.

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