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MInarquia. Aquí se difunden ideas liberales y libertarias. Menos estado es más prosperidad.
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Como incluso hoy ocurre a menudo, Hans-Hermann Hoppe, de joven, fue también un izquierdista. Leer las críticas de Bohm-Bawerk hacia el marxismo rápidamente puso la semilla de su desconfianza hacia dicho sistema, haciéndole consciente de la falsa ilusión que contagia el Zeitgeist (espíritu de nuestra época). Durante cierto tiempo, llegó a ser un tibio “Popperiano” y socialdemócrata. Ello anticipó su determinación para examinar el mundo más allá de la ciencia económica y de la sociología.
Por aquella época, el joven Hoppe parecía haber llegado a una conclusión esencial: la existencia de ciencias cuyos teoremas eran “empíricamente” irrefutables o no falsificables, incluso en el ámbito de las ciencias sociales. Su investigación le permitió creer que las leyes económicas eran a priori identificables, mediante el empleo de silogismos deductivos. Sin embargo, fue su introducción a los pensamientos de Ludwig von Mises, el eminente escolar de la tradición que posteriormente llevaría su nombre, la que le llevó a comprender su sitio en medio de la a veces hostil batalla de las ideas. Aprendió que él, un nativo alemán, era en realidad un “austríaco”.
Esta conciencia de su predisposición intelectual fue lo que estuvo detrás de su decisión de emigrar de Alemania a los Estados Unidos para iniciar allí sus estudios bajo la tutela de uno de los más brillantes e importantes estudiantes austríacos de Mises, cuyo nombre no era otro que Murray Newton Rothbard. En efecto, el profesor Rothbard se convirtió por aquel entonces en su mentor directo, con el que compartió amistad, permaneciendo Hoppe como uno de sus más cercanos colaboradores hasta la muerte de su mentor en enero de 1995.
Así es como más o menos empezó todo, con la propia evolución del profesor Hoppe hacia su bautizo de razón y voluntad. Hoy es un distinguido miembro del Instituto Mises, autor de numerosas obras tales como Handeln und Erkennen (1976), Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung (1983), Eigentum, Anarchie, und Staat (1987), A Theory of Socialism and Capitalism (1989), The Economics and Ethics of Private Property (1993, ampliada a una segunda edición en 2006), Democracy – the God that Failed (2001), The Myth of National Defense, (editor, 2003) y copiosos artículos en la Revista de Economía Austríaca, co-editor de The Quarterly Journal of Austrian Economics y The Journal of Libertarian Studies.
A nadie que esté familiarizado con sus ideas le sorprenderá las duras críticas hacia los más típicos ismos, como el socialismo, el comunismo o el fascismo. Él, además, es una importante voz en medio de la estéril y desierta crítica hacia empirismo, método que a su juicio es considerablemente inadecuado para las ciencias sociales. En un tiempo donde las visiones mecanicistas hacia los fenómenos sociales se han convertido en característico de los intelectuales del sistema, Hoppe ha llegado a ser una destacada figura, considerándose a sí mismo como un intelectual anti intelectual.
Por tanto, ¿cómo es la visión intelectual anti intelectual en economía, política y en ética? Esencialmente depende de tres ciencias distintas. En el campo de la economía, Hoppe cree que es innecesario e imposible probar propuestas económicas contra los datos empíricos. Para él, la experiencia solo sirve para ilustrar la (in-)validez de una teoría. La experiencia tampoco puede confirmar o descartar un teorema bien elaborado, ya que básicamente la validez de un teorema económico depende de la validez del axioma irrefutable de la acción humana, además de, por supuesto, la validez o corrección de la aplicación lógica, especialmente sobre la base de las reglas del racionamiento deductivo y las inferencias lógicas. El test empírico de las leyes de la economía es, por tanto, una pérdida de recursos; rechazar las leyes económicas sobre la base de los datos empíricos es un error categórico, que refleja confusión mental.
Siguiendo los pasos de Mises, el profesor Hoppe es un ardiente creyente en el individualismo epistemológico y metodológico. Solo actos individuales. Por lo tanto, cualquier fenómeno social debe ser lógicamente elaborado y reconstruido como resultado de acciones individuales dirigidas hacia diferentes finalidades. Todas las explicaciones holísticas deberán ser rechazadas como científicas. En el mejor de los casos serán pseudo explicaciones. Los hombres actúan dentro de un contexto cambiante de incerteza dinámica, mientras que las explicaciones mecánicas asumen condiciones estáticas por medio de variables experimentales que son conocidas, dadas o deben ser tratadas como tal. A su juicio y a juicio de economistas de similares ideas, la esencia de la economía es precisamente el desequilibrio. Las ideas mecanicísticas sobre la ingeniería social y los equilibrios son solo útiles en la medida de que nos permiten saber qué acciones son humanas y cuales son comportamientos automáticos o robóticos.
No es exagerado decir que Hans-Hermann Hope ha sido el más importante representante vivo del austrianismo clásico y no solo dentro de la economía austríaca, como alguno podría argumentar, puesto que el termino economía austríaca es probablemente insuficiente, debido al hecho de que la mayoría de pensadores en la tradición han tendido a mirar más allá de las fronteras de la economía, a través de sectores donde las ciencias convergen. La interconexión de las ciencias puede ser vista dentro del ámbito de distintos intereses como el propio profesor Hoppe ha demostrado.
La posición de Hoppe dentro de la tradición intelectual es única también en el siguiente tema en particular: él no solo acepta sino que enfatiza y profundiza la visión de su mentor en atravesar el aparentemente intransitable puente entre economía y ética. El mayor logro ha sido alcanzado a través de cierto enlace olvidado: la ética de la propiedad privada. Hoppe, al igual que Rothbard, cree totalmente que los derechos de propiedad son las bases sobre las cuales pueden alcanzarse las soluciones a numerosos problemas económicos y éticos.
En el campo de la política, el profesor Hoppe se ha mostrado algo provocativo incluso entre los promotores de la libertad, pues él considera menos perjudicial para la misma la monarquía tradicional que la democracia. Además, aunque simpatizante de una visión propia de Mises, rechaza el concepto de estado mínimo o minimalista. Tal visión, a su juicio, es errónea; su creencia en la función del estado es contradictoria, incompatible con los genuinos esfuerzos de promover el bienestar social. Además, argumenta que incluso los estados mínimos todavía pueden poseer tendencias inherentes a ser omnipotentes o cercanas al totalitarismo.
El profesor Hans-Hermann Hoppe está actualmente sopesando jubilarse anticipadamente de la Universidad de Nevada, Las Vegas, donde ha impartido clases durante muchos años. Lo escrito a continuación es el resultado de una reciente entrevista por email con él, dirigida por la actual redactora de Akal & Kehendak, un periódico indonesio pro libertad de Yakarta.
A&K: En su último email, mencionó estar lejos en algún lugar; ¿aún se encuentra fuera de casa ahora mismo?
HHH: En este momento, me encuentro en Bodrum, Turquía, preparando la conferencia anual de Property and Freedom Society – http://ift.tt/1543bKK.
A&K: ¿Cómo es su rutina diaria? ¿Qué materias imparte?
HHH: Habitualmente enseño Microeconomía, Dinero y Banca así como Sistemas económicos comparados en la Universidad de Nevada,Las Vegas. Actualmente estoy de salida, planeando retirarme de allí para concentrarme enteramente en mis hobbies estudiosos particulares.
A&K: ¿Quiénes son sus filósofos, pensadores o escritores favoritos?
HHH: Mis pensadores preferidos son Ludwig von Mises y Murray N.Rothbard, con quienes trabajé de cerca durante los últimos diez años de su vida (desde 1985 hasta 1995). En cuanto a filósofos, tengo cierta predisposición hacia los representantes de la tradición racionalista dentro de la filosofía. Así, por ejemplo, he aprendido bastante de Brand Blanshard y de Karl-Otto Apel (los cuales, sin embargo, no saben mucho de economía)
A&K: ¿Cuáles son las 3 cosas que más sinceramente valora en su vida, profesor?
HHH: La verdad, la justicia y la belleza.
A&K: ¿Y las tres cosas que aborrece?
HHH: Lo opuesto a la verdad, la justicia y la belleza. Y más específicamente, lo políticamente correcto, la cobardía moral y el oportunismo.
A&K: Suponiendo que tuviera un asiento en el comité del Premio Nobel de economía, ¿quién considera que merece el premio?, por favor, exclúyase a sí mismo.
HHH: Alguien que haya trabajado con el Instituto Ludwig von Mises. Sin embargo, el comité de nombramientos está repleto de estatistas y el premio lo ha creado el propio Banco Central Sueco y, claro, visto el hecho de que los economistas miseanos son unos defensores del libre mercado incomprendidos y contrarios, en particular, a cualquier tipo de socialismo monetario (bancos centrales), sus opciones de ganar el premio son virtualmente nulas.
A&K: ¿Por qué los nominaría a ellos?
HHH: Porque los economistas miseanos/austro-libertarios disponen de la mejor comprensión de las operaciones en los mercados libres y de los perjudiciales efectos del gobierno en la promoción de la salud y de la prosperidad general. Esto viene ilustrado por el hecho de que Mises y aquellos economistas que han seguido sus pasos tienen de lejos los mejores records prediciendo los resultados del socialismo, del moderno estado social redistribuidor y , en especial, de los regímenes del dinero controlado por el gobierno y de la banca central.
A&K: ¿Podría compartir con la audiencia unas pocas palabras sobre el empirismo?
HHH: Hay áreas dentro de ciertos sectores académicos donde el empirismo es bastante apropiado: en las empíricas ciencias naturales, por ejemplo, y, en una forma diferente, también en la historia. Sin embargo, hay otras áreas, como la lógica, las matemáticas, la geometría y, en particular, la economía, donde el método empírico es totalmente inadecuado y, en efecto, falaz. Lo que los filósofos racionalistas en general y los economistas miseanos en particular, objetan a esto es simplemente la extralimitación del método empírico. Ellos insisten en que los diferentes métodos de la investigación se aplican a diferentes áreas del conocimiento humano, además, recalcan que la teoría es más relevante que la historia, esto es, que la lógica vence a la experiencia o actúa diferente y que la experiencia que parece contradecir a la lógica es el resultado de la confusión intelectual y del desorden.
A&K: Bien; vamos ahora a entrar en asuntos políticos. En uno de sus artículos que leímos en LewRockwell.com, Why Democracy Attracts Bad People. ¿Podría resumírnoslo brevemente aquí?
HHH: Lo que es verdadero, justo y bonito no viene determinado por el voto popular. Las masas en todas partes son ignorantes, cortoplacistas, se mueven por envidia y son fácilmente embaucables. Los políticos demócratas deben apelar a estas masas para ser elegidos. Aquel que sea el mejor demagogo ganará. Casi por sistema, por tanto, la democracia nos llevará a la perversión de la verdad, de la justicia y de la belleza.
A&K: ¿Y qué tiene que decir sobre Nepal, que está entrando en democracia?
HHH:No conozco demasiado el caso de Nepal. Sin embargo, temo que la transición de una monarquía tradicional a una democracia moderna en Nepal empeore las cosas con respecto a lo que ellos podrían haber sido de otra forma, pues la democracia promueve el corto plazo y acabará con las mismas políticas redistributivas del Estado del bienestar que como ya sabemos están desolando cada vez más los Estados Unidos y Europa.
A&K: ¿Qué tiene que decir sobre la teoría austríaca del ciclo económico en relación a la crisis de las hipotecas sup-prime y el altísimo precio de la comida hoy?
HHH: La crisis de las hipotecas sub-prime es un bonito ejemplo de la teoría del ABC. Si tú artificialmente bajas el tipo de interés creando préstamos adicionales de la nada (imprimiendo más papel moneda que el ofrecido en el mercado de préstamos- por encima de los genuinos ahorros adicionales) entonces, estás produciendo una ilusión popular: la ilusión de que hay disponible más dinero para invertir del que realmente existe (una ilusión de riqueza). La crisis subsiguiente simplemente revela tal ilusión. Más dinero no hace a una sociedad más rica de lo que realmente es, ello solo puede llevarnos a la redistribución de riqueza, es decir, puede hacer a gente en la sociedad más rica a expensas de convertir a otras en más pobres.
En relación al precio de los alimentos: los precios vienen determinados por la demanda, por la oferta y por las condiciones monetarias generales (la oferta de dinero). La demanda de comida está creciendo debido al mayor número de la población mundial (y una población en general más prospera)-ello es una de las razones por las que el precio de los alimentos crece. En segundo lugar, la oferta de comida es reducida (comparada con lo que podría ser), debido a las regulaciones estatales y las restricciones a la producción agrícola (solo ten en cuenta las conocidas como restricciones medioambientales en Occidente, o las confiscaciones y socializaciones de tierras privadas como, por ejemplo, en Zimbabwe)-esta es otra razón para el incremento de los precios de los alimentos. En tercer lugar, el Estado (bancos centrales) genera cada vez más papel moneda (inflación) – y esta es la tercera razón del aumento de precios.
A&K: Abundan rumores en el Instituto Mises de que está preparando un nuevo libro. ¿Es cierto?
HHH: Sí, estoy trabajando en un gran proyecto, que anticipo que me llevará completar al menos 5 años. En el cual, quiero, en primer lugar, restablecer y elaborar mi trabajo previo (primero en alemán y más tarde en inglés) en el campo de la epistemología y la ética o, más en general sobre la naturaleza de la racionalidad humana; y en segundo lugar, me gustaría ofrecer una reconstrucción sistemática e interdisciplinar de la historia humana (prehistoria, sociedades cazadoras-recolectoras, sociedades agrícolas, industriales) donde desarrollaré ampliamente las ideas esbozadas en mis 10 series de lecturas sobre economía, sociedad e historia, entregadas hace unos pocos años al Instituto Mises ( y disponibles en internet)
A&K: Tras mi traducción de sus obras al indonesio, The Misesian Case Against Keynes, estoy actualmente interesado en traducir uno de sus libros, Economic Science and the Austrian Method, donde intenta desmontar el empirismo. El problema es: ¿a quien debo escribir para recibir una autorización?
HHH: ¡Yo mismo puedo aquí darle autorización para traducir ese pequeño libro!
A&K: Definitivamente no estaba a la espera de esto, ¡pero muchas gracias! En unas pocas palabras, ¿Cuáles son las perspectivas del Austrianismo?
HHH: No puedo, pero tengo la esperanza de que la verdad que representa el Austrianismo acabe finalmente triunfando sobre la mentira y la ilusión. Sin embargo, incluso si no fuera así, considero que es mi deber luchar por ello mientras pueda.
A&K: Profesor Hoppe, muchas gracias una vez más por esta entrevista y por la autorización.
HHH: De nada. Espero que sea de utilidad.
Sukasah Syahdan es el fundador de Akal dan Kehendak (Reason and Will), un semanal periódico online sobre libertad, en Indonesia. Ha traducido además al indonesio numerosos artículos sobre la causa de la libertad, como Misesian Case Against Keynes de Hoppe, ¿What Has Government Done to Our Money? de Rothbard y Intellectuals and Socialism de Hayek, etc…
Traducido por Carlos Romero.
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[Extraído de The Austrian (Enero – Febrero 2017)]
Hace casi cuatro décadas, los expertos políticos se vieron sorprendidos cuando los votantes abandonaron al presidente Jimmy Carter y votaron por Ronald Reagan, que prometía traer un cambio esencial a Washington y al establishment político que moraba en él. En ese momento el desempleo estado aumentando rápidamente y la inflación se encontraba en dobles dígitos y Reagan había prometido ocuparse de los fracasos económicos rebajando los tipos del impuesto de la renta, recortando el gasto público y reduciendo la carga regulatoria.
Como sabemos, Reagan consiguió convencer al Congreso para hacer una de estas tres cosas (rebajar los tipos del impuesto de la renta) pero el monstruo regulatorio y de gasto continuo creciendo. La administración Carter ya había iniciado la mayoría de las iniciativas de desregulación y el papel de Reagan en ese aspecto fue menor en el mejor de los casos. Reagan en 1982 tuvo que ocuparse de otra cosa que amenazaba con convertir su presidencia en un fracaso de un solo mandato: una importante recesión en la que la tasa de desempleo de la nación aumentó por encima del 10% y la desaparición de partes completas del sector industrial de la nación, generando lo que se ha llamado el “cinturón oxidado” del norte de Estados Unidos.
Sabemos el resto de la historia. La economía se recuperó (a pesar de que los tipos de interés estaban por encima del 10%) y Reagan consiguió la reelección en 1984 con un gran triunfo electoral. También sabemos que aunque la administración Reagan tuvo muchos fallos, las inversiones de capital se dirigieron hacia los sectores de la “alta tecnología” y las telecomunicaciones.
Lo que no estaba en una agenda política en 1980 estaba en la mente del presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker: como expulsar a la inflación del sistema y restablecer algún equilibrio en el sector monetario. Reagan afirmaba que rebajando tipos impositivos, las empresas realizarían nuevas inversiones y aumentarían la oferta de bienes disponibles para los consumidores, reduciendo así la inflación por el “lado de la oferta”. Por eso los seguidores de Reagan llamaban a su plan “economía del lado de la oferta”.
Sin embargo Volcker entendía que aunque podría decirse que los estímulos del lado de la oferta serían una manera de acabar con la inflación sin dolor, estarían claramente condenados al fracaso, algo que economistas austriacos como Murray Rothbard y otros también entendían. La inflación es ante todo un fenómeno monetario y reducir la inflación es algo que no se producirá solo reduciendo impuestos y fabricando más bienes. Por el contrario, Volcker y la Fed tenían que dejar de expandir la oferta monetaria de la economía y también de aumentar los tipos de interés, aunque los siguieron aumentando.
Por desgracia, los expertos (junto con la mayoría los economistas, que deberían saber más) emplearon la falacia post hoc ergo propter hoc, afirmando que los tipos de interés más altos causaron la grave recesión de 1982. Por el contrario, los tipos de interés más altos pusieron a la vista las malas inversiones económicas que tenían que liquidarse antes de que la economía pudiera tener una recuperación real y aunque los economistas austriacos no estén necesariamente satisfechos con lo que hicieron la Fed y el gobierno de EEUU durante la década de 1980, se produjeron algunas cosas positivas en la economía en esa década.
Donald Trump se enfrenta a una situación muy diferente tras las elecciones de la de Ronald Reagan, pero aún así amenaza una recesión, ya que las políticas de la Reserva Federal de las últimas dos décadas han acumulado una montaña de malas inversiones, especialmente desde 2008, cuando estalló finalmente la burbuja inmobiliaria.
Desde entonces, el “plan de juego” para la Fed y la administración de Barack Obama ha sido estimular los sectores débiles de la economía a través de una combinación de subvenciones directas y compras de títulos por la Fed. El imponente diagrama que aparece a continuación explica en parte tanto por qué los tipos de interés son extraordinariamente bajos como por qué la economía de EEUU sigue arrastrándose.
Como se puede ver claramente, las compras de la Fed anteriores al desmoronamiento de 2008 consistían principalmente en títulos del Tesoro de EEUU a seis meses, siendo la cantidad en dólares aproximadamente el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) de EEUU. Sin embargo, las compras tras el desmoronamiento se han disparado y la Fed, al tiempo que ha recortado en valores del Tesoro a seis meses, se ha dedicado a dos actividades muy cuestionables, incluyendo la compra de un número masivo de valores hipotecarios para continuar lo que queda de la burbuja inmobiliaria y la compra de bonos de EEUU a largo plazo para disminuir la diferencia de tipo de interés entre los títulos a corto y largo plazo. Esto es algo que el ex Presidente de la Fed, Ben Bernanke, llamó “operación twist”.
Las compras tendieron a estabilizarse después de 2014, pero no hasta que la Fed estuviera componiendo hasta una cuarta parte del PIB de EEUU a través de sus compras. Sí, la tasa oficial de desempleo en este país es menor del 5%, pero nadie (ni siquiera Paul Krugman) está afirmando que todo vaya bien. Indudablemente, tanto Bernie Sanders como Donald Trump fueron capaces de generar mucho entusiasmo político por decir que la economía está en peligro.
Como los keynesianos están esposados a la “teoría” falsa de la demanda agregada y la oferta agregada, son incapaces de entender los asuntos reales que enfrenta la economía y nadie debería sorprenderse. Después de todo, los líderes políticos y empresariales de Japón se han visto engañados durante un cuarto de siglo, ya que el gobierno ahora está tratando de “estimular a” la economía a través de tipos negativos de interés, algo que realmente pone al gobierno en guerra contra la naturaleza. En ese sentido, las afirmaciones recientes de Krugman de que medidas futuras de “austeridad” (presumiblemente impuestas por la futura administración Trump) llevarían a una recesión demuestran en realidad una terrible ignorancia de lo que realmente causa las recesiones económicas.
Está claro que la economía de EEUU se está arrastrando, pero los tipos de interés son muy bajos, gracias a programas de la Fed como la flexibilización cuantitativa. Aun así, mientras los keynesianos reclaman mayores cantidades de préstamos públicos y gasto (algo llamado “política fiscal” en jerga keynesiana), el problema no es una falta de “estímulo” alimentado por el gobierno. El problema es el de las malas inversiones a gran escala. Cuando la Fed considera necesario usar su gran libreta de cheques para manipular grandes porciones de la economía a través del juego con los tipos de interés, no cabe duda de que hay grandes debilidades subyacentes en todo el sistema económico. Combinemos esto con las enormes subvenciones públicas a la energía “verde” y las cantidades pantagruélicas de dinero lanzadas sobre las improductivas Fuerzas Armadas de EEUU y podremos ver que el gobierno está jibarizando los sectores productivos para estimular los improductivos.
¿Qué hay que hacer o, más concretamente, quien debe el gobierno no hacer para que se pueda producir una recuperación económica real? Primero, y lo más importante, la Fed debe dejar de comprar valores hipotecarios y títulos a largo plazo. Eso significa que tanto los tipos hipotecarios como los tipos de interés a largo plazo aumentarían y esto también tiraría de los tipos a corto plazo. La economía no puede tener una recuperación si la Fed no hace esto.
Todo esto parece ser contraintuitivo, ya que tanto los keynesianos como los austriacos están de acuerdo en que el efecto inmediato de la interrupción de dichas compras por la Fed significaría una recesión aguda a corto plazo. Permitir que los tipos de interés aumenten significa que tanto el sector inmobiliario como los relacionados con él recibirán un fuerte impacto (como pasó en 1982, cuando el sector reclamó un rescate). La actual economía (en su estado de arrastre) es adicta a los tipos bajos y esto no puede continuar si EEUU quiere evitar el destino de Japón y Europa, donde la economía también es débil.
Sin embargo, austriacos y keynesianos difieren a la hora de interpretar qué está ocurriendo realmente después del aumento de los tipos de interés. Los keynesianos afirman que la demanda agregada está cayendo y continuará cayendo hasta que la economía toque fondo, salvo que el gobierno intervenga a través de gasto y creación de más dinero. Los austriacos, por el contrario, creen que a corto plazo se liquidarían las malas inversiones que se produjeron durante el auge causado por el crédito y si el gobierno y las autoridades monetarias permiten la liquidación y no bloquean la redirección de recursos, los empresarios llevarían a la economía a una recuperación real.
En ese sentido, austriacos y keynesianos no están ni siquiera en el mismo planeta en lo que se refiere interpretar el papel del interés. Los austriacos señalan que los tipos de interés están relacionados con las preferencias temporales de los prestatarios y ahorradores y que los tipos de interés mandan señales con respecto a la dirección de los bienes de capital y los bienes de consumo. Los keynesianos, por el contrario, ven a los tipos de interés como la entrada para la demanda agregada y sugieren que los tipos de interés en general debería ser inferiores de los que serían si los estableciera el mercado.
Esta diferencia de pensamiento es esencial. Los keynesianos reclaman una versión económica de la supuesta definición de locura de Einstein: hacer la misma cosa repetidas veces y esperar resultados diferentes. Japón se ha dedicado tanto al gasto público masivo (léase construir túneles, carreteras y puentes a ninguna parte) y a la manipulación monetaria, incluso recurriendo a tipos negativos de interés, y aun así sufre un crecimiento económico anémico… y continuará experimentando lo mismo hasta que alguien esté dispuesto a admitir que 25 años de “estímulo” no hacen que funcione una economía.
Donald Trump se enfrentará a este momento, lo quiera o no. Barack Obama se enfrentó a él y decidió patear la lata por el camino y optar por todavía más “estímulo”. Como lo trate Trump determinará si la economía de EEUU se recupera o no de malas políticas o sigue el camino de Japón y Europa
Lo irónico (al menos para los keynesianos y sus verdaderos creyentes) es que lo mismo que los keynesianos creen en que crearía una recesión económica a largo plazo (aumentar los tipos de interés) que es lo que más necesita la economía de EEUU. Más de una década de tipos de interés artificialmente bajos ha distorsionado las estructuras de producción de la economía hasta el punto de que hará falta una aguda recesión para devolver un balance productivo, por muy contraintuitivo que esto pueda parecer a muchos lectores. No cabe duda de que si Trump aceptara un aumento de tipos pagaría un importante precio político, ya que no cabe ninguna duda de que el índice Dow Jones se vendría abajo y la liquidación a corto plazo de las malas inversiones crearía cierto caos.
¿Qué debería hacer Trump cuando los tipos de interés más altos muestren muchas de las dislocaciones? En una palabra, nada. Cuando la recesión de 1982 estaba en su apogeo y muchos de los cargos de Washington, junto con periodistas, estaban reclamando la reflación de la economía, rescates y otras medidas “correctivas”, el presidente Reagan simplemente replicó: “Mantened el rumbo”. Aunque, como hemos señalado antes, Reagan hizo algunas cosas que fueron dañinas tanto política como económicamente a lo largo de su presidencia, tenía sin embargo razón en ese punto y en último término su terquedad produjo algún fruto económico.
El artículo original se encuentra aquí.
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